
Es una fortuna que la historia de la música popular, al menos la versión que cuenta para nosotros, esté escrita mayormente por estupendos pies de páginas. Y ojo, no se apresuren, no hablamos del un poco cansador tópico del “beautiful loser”; de ese artista atormentado pero sofisticado, de suerte esquiva, que ha dejado un impactante corpus que poco a poco será descubierto por los antes malagradecidos oyentes. No, más bien nos referimos a quienes renunciaron desde un principio a cualquier competición odiosa, a reconocimientos altisonantes;