
El estreno de Revolutionary Road –Sólo un sueño en la traducción-, dirigida por Sam Mendes, y adaptación de la novela homónima de Richard Yates publicada en 1961, reinicia la reflexión sobre uno de los textos más extraordinarios y devastadores de la literatura norteamericana del siglo pasado. El descalabro de una pareja, las aspiraciones muertas en el cieno de la frustración y el resentimiento; en suma, la derrota de una civilización.