
¿Qué puede haber de revelador o apenas interesante en construir una narración a partir de vidas corrientes? Por corriente, aclaremos, nos referimos a esas existencias que parecieran tener una ruta de viaje más o menos definida, sin grandes fracturas o al menos unas que se gestan con tal pausa que son tan difíciles de pesquisar como el crecimiento de un roble: crecer, trabajar, armar una familia, ganarse la vida lo más dignamente posible y, bueno, esperar el desenlace en la mejor posición de paz con uno mismo y los otros. Así, tirado a la cara, no parece un pastel muy apetitoso.