
“Hollywoodense” o “cine gringo” son calificativos que se suelen pronunciar arriscando la nariz. Se utilizan como opuesto al buen gusto y a la inteligencia artística. Esta costumbre –además de apestar a marxismo revenido- es una pataleta que salpica grotesca ignorancia y, por qué no decirlo, un poco de estupidez. Menospreciar una película por su argumento liviano, rápido y diálogos repletos de one-liners* sería como basurear una canción porque dan ganas de bailarla. Muchos de los nombres que han impreso sus manos en el glamoroso Paseo de la Fama son pesados argumentos para derribar ese prejuicio. Tenemos, por ejemplo, al señor Norman Jewison.