Sgt. Peppers en Technicolor
30 marzo 2010 5 comentarios
Escribir acerca de un trabajo de Wes Anderson inevitablemente es una forma de ponerse en juego, si bien las situaciones que nos presenta este cineasta -uno de los más lúcidos de nuestra actualidad- son en su mayoría disparatadas o fuera de una realidad de la que podemos dar testimonio; se transforman en caricaturas de nuestra existencia que junto a sus surrealistas personajes, no hacen más que provocar en el espectador una identificación mucho más profunda, que atraviesa el discurso común o incluso la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Ver a tres seres humanos sumergirse en un viaje espiritual de tal magnitud genera una empatía que trasciende los hechos que determinan la historia, hay algo innombrable de la experiencia que es más importante, algo que necesita quedar o escaparse de los dominios del lenguaje, como intenta explicarnos el director a través del discurso de la madre de los hermanos.
Adentrémonos un poco en el argumento de la obra. La historia parte con el tren en marcha. Los Whitman, motivados por su hermano mayor Francis, emprenden un viaje que pretende reparar heridas del pasado, representadas particularmente en tres conflictos: la muerte de su padre, la separación y desinterés de la madre, y lo lejano que se sienten entre ellos, hace ya un año que no se ven. Para este reencuentro consigo mismos definen un itinerario, visitar distintos lugares espirituales que puedan ayudarlos a reencontrar lo perdido, embarcándose para esto en el Darjeeling Limited, tren que pasa de ser un simple medio de transporte al gran escenario del largometraje. Es ahí donde se manifiestan y desenvuelven la mayoría de los conflictos, representados metafóricamente en la gran cantidad de maletas familiares que llevan consigo y que al final se nos muestra, en una de las escenas mejor logradas, un desenlace muy relacionado con la “descarga”, en las ya clásicas escenas en cámara lenta de Anderson.

Escapando del pasado, en busca del espíritu
En el viaje, siempre están en busca del espíritu, de recuperar algo. Pero si alguna lección intenta dejar este periplo es que más que existir una receta o un lugar específico al que podamos acceder para lograrlo, este se presenta de las maneras y formas más inesperadas. Como lo que ocurre a la orilla de un río, en donde los tres hermanos de forma fortuita se encuentran frente a la muerte de un niño ahogado que no pueden salvar a pesar de sus intentos, reviviendo de manera inesperada y de forma más latente un duelo que aún no lograban sanar. El director hace esto aún más explícito en el momento de pasar de la escena en que ellos se dirigen a la ceremonia del niño, a aquella de los momentos en la carroza que los conducirá al funeral de su padre, al cual su madre no asistió. Después de esto, se percatan que más que la muerte de su padre, lo que verdaderamente les duele es que su madre no haya asistido al entierro, cayendo el ideal de familia feliz que algún momento tuvieron y que nunca más se recobrará. Es por esto que deciden cerrar el capítulo de la forma que creían correcta, concretar la idea oculta de Francis de ir a ver a su progenitora que se encuentra en un templo, destino final del tren del cual los echaron por numerosos desmanes causados. Finalmente una parada necesaria, el espíritu no se busca, se encuentra.

Rezando cada uno a su propio dios
Además del potente guión e historia que nos presenta el film, hay un elemento que a mi consideración no es posible cansarse de destacar en los trabajos de Anderson: la estética de sus películas. Tan cuidadosos planos, escenas magistrales, ¡los colores! Tomados pareciera, de la mismísima carátula del albúm Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, quizás por eso la fascinación del director por la cultura de la India y su tan colorida estética, como podemos apreciar en algunos filmes anteriores como The Royal Tenenbaums (2001) o The Life Aquatic with Steve Zizou (2004) en donde aparecen personajes del país oriental.
Wes Anderson, mente brillante de la cinematografía actual -por algo sus films se encuentran dentro de la Criterion Collection- nos entrega esta nueva joya del cine actual, que sin dudas será valorada a medida que pasen los años. La belleza de sus imágenes por sí sola conmueven. Cala hondo en quien logra empatizar con los magníficos personajes y sus historias que nos representan a todos.













Este blog utiliza
como para verla en el cine, pantalla ultra gigante con el terrible de zorrauns, y caleta de caños
la locura las escenas del tren
Es terriiiiiiible de buena esa pelicula. Igual la compararía más con “Help”, tanto por la fotografía como por la onda Indú. Pero creo que ese es una de los puntos claves de Anderson: la tonalidad de las imagenes.
Esa gama de colores que utiliza en sus films, lo dejan a uno con gustito “retro”, aflorando una sensación de añoransa. Es cómo si las peliculas se plantearan como recuerdos familiares o vivencias personales. En sí, Anderson sabe hacer bien su pega con personajes bien planteados (con caracteristicas muy personales y conflictos internos) y con una historia que de alguna manera parte de un hecho que perfectamente tiene nexo con la realidad.
Wenas!, claro puede ser más comparable con Help, porque existe una película del disco, pero mi idea apunta a que en Sgt. Pepper’s la sonoridad y el colorido de la India, que ya habíamos disfrutado en discos como Rubber Soul y Revolver, aparece reflejado en su portada, en su fotografía, bueno y obviamente en su música, es la estampa del disco. mira te mando esta página de unas fotos de los beatles en la India, geniales.saludos
http://www.thebeatlesinindia.com/TBII_Images/
Ah! y The Kinks como banda sonora es la guinda de la torta.
A propósito, cómo hubiese sido la película del Sgt. Pepper’s?… llega a dar miedo de solo pensarlo