Finalmente decidí que me iré en la más bella de las estaciones
30 marzo 2010 1 comentario
¿Cómo definirse? Es difícil, incluso algunas veces insoportable. Encontrar un camino que seguir; uno en que cada paso sea una certeza y una confirmación. Para mí, “The Royal Tenenbaums” (2001), trata de eso, y mucho más.
La historia argumental va más o menos así: Los Tenenbaums, fueron una familia de éxito. Royal (G. Hackman) y Etheline (A. Huston), tuvieron tres hijos: Chas (B. Stiller), un genio de las finanzas en sus años de niñez; la adoptada Margot (G. Pathrow), una genio de la dramaturgia; y Richie (L. Wilson), el cual llegó a ser un gran tenista. Tras la separación –no legal- de sus padres, la familia poco a poco se va desmoronando, cayendo en una desgracia tras otra. Dos décadas después, todos los hijos de la familia Tenenbaums están sumidos en su propia tristeza; uno se vuelve maniático de la seguridad –por consiguiente alguien muy temeroso-, otro viaja errante por los océanos pensando en su hermana adoptiva, esta última pasa encerrada en el baño prácticamente todo el día. Tras algunos hechos fortuitos, los herederos vuelven a la casa de su madre -el 111 de Archer Avenue-. Royal, en un intento desesperado por recuperar a su familia, finge estar en los postreros días de su vida. Así empieza una de las travesías más sutiles y adorables que el cine nos ha entregado en los últimos veinte años.
No son solo los personajes los que van en busca de sus respuestas como individuos. O, más bien, no son solo ellos como entes de ficción los que están preocupados por su enunciación. También, el mismo Wes Anderson confirma con esta película y lleva más allá –lo que empezó con la ingenua Bottle Rocket y mejoró con Rushmore- su propuesta estética y por ende, su visión acerca de lo que debería ser el cine. El uso de los planos largos, con grúas y dollys; también, su predilección por colores fuertes y contrastados; mucha música de los 60. En fin, una estética que digiere la belleza clásica, pero siempre con un sello personal, haciendo propias las historias y entregándolas con el mayor cariño posible. Es por eso, que a mi parecer esta es la mejor obra del director, pues, es la más representativa de su estilo cinematográfico y de escritura -guión que esta hecho en conjunto con su amigo y eterno colaborador, Owen Wilson.
No es sorpresa que el equipo y mucho de los actores se han repetido el plato a lo largo de su filmografía. Ya que éste es el espíritu de sus películas, el mismo que la música de Crosby, Still, Nash & Young, por ejemplo: trabajar con los que quieres y amas, dejar de lado los egos faranduleros y simplemente entregar películas que lleguen al corazón. Es eso lo que hace a Wes Anderson, uno de los directores más sinceros de hoy en día. ¿Y de qué se trata el arte, sino de sinceridad?
Últimamente, tomemos al personaje principal de la película: Royal Tenenbaum. El viaje espiritual que hace durante el metraje lo llevará a comprender a fin de cuentas que el amor es un camino que requiere sacrificios. Siempre hay tiempo para volver y como dice Nico –referente tanto en la banda sonora como en el personaje de Margot-, finalmente hay que irse en la estación más hermosa. Salir por la puerta grande, como lo hizo Royal. Transitar de la vida hacia la muerte sin miedo a perecer. Porque solo el amor puede romperte el corazón.














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los tanembauns son a toda zorrrrrraaaaaa
Royal debe ser el mejor abuelo del mundo; y la verdad no lo culpo, yo tb le hubiera dado unos balazos al mamon de mi hijo
jajajajja
como siempre, dejo este regalito: http://www.taringa.net/posts/musica/1301162/Royal-Tenenbaums-OST-%282001%29.html