Entre cangrejos de azúcar y un tiburón-jaguar
29 marzo 2010 3 comentarios
“Nadie sabe lo que va a pasar, y eso filmamos. Ese es el concepto” Steve Zissou
Vaya uno a saber cuantas variables se confabulan contra un equipo cinematográfico que simplemente desea filmar durante diez segundos a un personaje que sale del metro, da un par de pasos y abofetea a otro. Por lo mismo, no me extraña para nada que, hojeando entrevistas, me haya enterado de la aversión que tanto Alfred Hitchcock como Woody Allen comparten hacia el intrincado proceso que requiere llevar el guión a la pantalla grande. Pero aunque confieso no haberme inmiscuido en la bio de Wes Anderson, hay en sus películas un aroma a goce infantil en el proceso de agarrar una cámara para contar la historia que tiene en mente. Una especie de delirio fantasioso que lo hermana con Steven Spielberg en eso de ser, como dijo algún siútico por ahí “un niño en la juguetería más grande del mundo”.
¿Hay acaso algún caramelito cinéfilo más dulce que ese corte sagital del Belafonte en “The Life Aquatic with Steve Zissou”? ¿O la bizarra y caricaturesca vida marina creada en stop-motion? Al menos en lo que corresponde a un humilde servidor, ese jugueteo transmite un disfrute de la artesanía cinematográfica.
No es accidental que la película esté centrada en las desventuras de un documentalista. La cinta acompaña a este Jacques Cousteau ficticio, interpretado por Bill Murray, dando cuerpo a un personaje que no es ajeno a la filmografía de Anderson: el de un hombre que ya está dejando atrás la mediana edad y que, sumando y restando, no parece estar muy conforme con el resultado. Sin ir más lejos, cuando nos unimos a él está en el peor momento de su carrera cinematográfica. Su socio de toda la vida ha sido devorado por una insólita bestia submarina, y el documental resultante de la horrorosa experiencia sólo cosecha risas y sospechas de fraude.
Zissou se apronta a filmar la segunda parte. No tiene realmente grandes ideas respecto de lo que hará, pero lo poco que tiene planeado no suena nada bien. Rastrear y matar al tiburón-jaguar, el escualo que engulló a su amigo. Pero factores ajenos al control de nuestro abúlico protagonista se lanzarán sobre el mustio Belafonte y su tripulación. Las inéditas dificultades económicas, la aparición de un supuesto hijo ignorado desde su nacimiento, el quiebre del matrimonio de Steve y Eleanor, y el ataque de piratas filipinos, serán los ingredientes ideales para la formación de esa extraña familia no sanguínea que es un equipo de trabajo, y cuyo pináculo es la relación padre-hijo que nace entre el protagonista y Ned.
Finalmente, Steve vuelve a la cima del éxito. El documental narra cómo su vida, al igual que el barco en que pasa la mitad del tiempo, tiene varios pedazos menos. Un amigo, un hijo, y una mascota coja ya no están con él. El teatro aplaude a rabiar, pero Steve ya no está ahí. Fuma sentado en la acera. Se pone de pie, y seguido por sus compañeros, camina hacia el muelle, hacia la nueva aventura del equipo Zissou.
















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q opinión más certera. Yo agregaría que no sólo a Anderson le fascina ilmar, sino que dese ser la raja trabajar con él, como que se siente en la pantalla que todo el mundo que está trabajando en el set está jugando como cabros chicos, al punto de que ver Life Aq. con los comentarios de Anderson y el productor es una wea la zorra, onda hacer la película fue tan fantástico como la película misma
Lo más genia de ese film, es que dentro del submarino hay un estudio de grabación.
PD: Estoy seguro que Wes debe vivir su vida a travez de sus personajes (como un padre frustrado de su vida)
Lo más genial de ese film, es que dentro del submarino hay un estudio de grabación.
PD: Estoy seguro que Wes debe vivir su vida a travez de sus personajes (como un padre frustrado)