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¿Estás dispuesta a arriesgarlo todo, o tu amor es en vano?: Bob Dylan y Street Legal

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23 marzo 2010
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Dylan esperando el milagro

Hablar sobre Bob Dylan siempre conlleva un fuerte golpe emocional; nos traslada a revisar nuestras propias vivencias, a recordar tiempos mejores y, por sobre todo, nos hace –como diría “Er niño”- “hablar de amor”. Tanto se ha escrito sobre él o sobre la figura que representa en nuestra cultura: es probable que en Occidente, gran parte de las personas sepan que existen canciones como “Like a Rolling Stone” o “Just Like A Woman”.

En lo sesenta, Dylan estaba en sus veintitantos. El “infante terrible” que la sociedad americana esperaba se personificó en él. Un muchacho retraído pero bohemio, algo tímido pero que podía ser un hijo de puta si hacía falta y, principalmente, con ansias de convertir su vida en una leyenda. Es por eso que quedó tallada en piedra la imagen juvenil de Bob, con un cigarro en la boca, de terno negro, con gafas y con cara de pocos amigos. Ese es el icono pop.

Pero claro, Bob Dylan es mucho más que eso; mucho más que el “Highway 61 Revisited” (1965) o que el “Blonde On Blonde” (1966), discos capitales en la historia de la música pop-rock-folk; bueno, de la música a secas.

En el 77’, el infante ya era un hombre y tenia problemas como tal. Ese año, por fin terminó su tortuosa relación con Sara Lownds (sí, ella es la “la dama de los ojos tristes”). Entre el divorcio, la custodia de sus hijos, la muerte de Elvis, el cambio de casa, Dylan compuso un set de canciones eternas y –curiosamente- olvidadas. Estas se encontraron bajo el nombre de: “Street Legal” (1978).

Cómo sobrevivir-sublimar

Bob Dylan y sus amigos, dando vida a sus más reales abstracciones.

Definitivamente Dylan estaba en una racha, tanto emocional como creativa. En el plano artístico, venia de una exitosa gira con su mítica banda “Rolling Thunder Revue”; igualmente, había producido dos de sus discos más entrañables: “Blood On The Tracks” (1975)-probablemente uno de los mejores de su carrera- y “Desire” (1976). Ambos fueron el renacer de la carrera del cantautor, la cual según los críticos se había estancado finalizando la década de los 60 y entrada la de los 70, cosa que personalmente, creo que es un desacierto, pues, entre esa época entregó placas tales como: “Nashville Skyline” (1969) y “Dylan” (1973), otras piezas olvidadas que merecen ser desempolvadas. Ahora en el plano emocional, también estaba en una racha, pero ésta era mucho más oscura que la musical, la cual se vio enriquecida por sus peripecias amorosas. Los dos álbumes anteriores al citado en estas líneas, dejan al descubierto en sus letras cómo el dolor se fue apoderando de su matrimonio y de su vida. Un Bob visceral y desgarrador entrega sus líricas más puras.

Se cuenta que luego de estar con Allen Ginsberg y Leonard Cohen, Dylan se fue a su casa con una mujer. Al despertar su esposa, –Sara- encontró a la extraña, su esposo y sus hijos tomando desayuno; en ese momento Dylan le dijo que se fuera. Por aquella época también estaba editando su película, “Renaldo y Clara” (1978), lo cual lo tenia emocionalmente muy perturbado. Por eso decidió tomarse un descanso en su granja. Es ahí donde Bob compone seis de las nueve canciones que finalmente quedarían en el disco. En una de sus semanas de descanso muere Elvis Presley, 16 de Agosto de 1978. Éste fue un golpe brutal para Dylan, incluso él mismo cuenta que no habló con nadie por una semana. La muerte del “rey”, fue un semillero importante en la creación del álbum; en cuanto a la estética en que se encaminaría.

Dylan reclutó a algunos amigos de la “Rolling Thunder” y comenzó a armar sus nuevos temas. Algunas de las canciones serian probadas por primera vez en Japón y quedarían registradas en el fallido, “Bob Dylan At Budokan” (79). Al volver de la gira, Bob arrendó una casa rodante y la equipó con una máquina de 24 pistas. Grabaron durante cuatro días, en vivo; con coristas, con Hammond, con saxofones y mandolinas. No obstante, el sonido del disco dejó muy disconforme a Bob, pero –a mi juicio- la calidad compositiva del mismo sobrepasa todo.

Baby, please stop crying

Bob Dylan, nos entrega uno de sus discos más rico en cuanto a su capacidad como cantante, con ciertas influencias españolas –ya las arrastraba desde el “Desire”-, algunos cuantos gritos desgarradores y como siempre, una voz que le da un tempo único a sus líricas; también en cuanto a arreglos es una clase, utilizando cada instrumento con mesura y elegancia. En el lado A sobresalen canciones como “Changing Of The Guards”, “No Time To Think” y “Baby, Stop Crying”; obras maestras del norteamericano, piezas que son un knock out a cualquier oyente atento. El Lado B, parte con una de las mejores canciones del disco, “Is Your Love In Vain?”, una de los cortes más sentimentales, tipo “corazón-abierto” de Dylan, conjugando su voz con la de los coristas, mezclando el Hammond con las guitarras; todo es perfección, sencillamente una de las mejores canciones de Bob Dylan. Sigue con la exquisita y oscura, “Señor”, canción que ya avisa lo que vendrá en sus próximos discos. Terminando con “Where Are You Tonight?”, pieza en que Dylan abre caminos y guía a sus músicos en un viaje hacia la calurosa oscuridad; en plena visión poética.

“Street Legal” es el puente que une las anteriores joyas del gringo, con su trilogía cristiana que, cabe decir, es espectacular y, espectacularmente incomprendida también. Este disco muestra como Dylan sublimó su dolor y la convirtió en música sacra para nosotros: lo hizo antes de ocultar su dolor en la religión, como tantos otros lo hacen. Escuchen a Bob Dylan amigos y no solo los discos que aparecen en todos lo charts, escúchenlo de verdad. Bob Dylan no murió en los sesenta, es imposible, si él es los sesenta. Solo nos queda agradecerte, “Hombre del tambor”, por hacernos creer otra vez que aunque duela, el amor es lo único que nos queda, y como tú dices: “Está bien, correré el riesgo /me enamoraré de ti / Soy un tonto, puedes quedarte con la noche / Puedes quedarte también con la mañana / ¿Sabes cocinar y coser, / sabes hacer crecer las flores?/ ¿Entiendes mi dolor? / ¿Estás dispuesta a arriesgarlo todo, / o, ¿es tu amor vacío?”

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