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Corazón new wave: Franz Ferdinand en Chile

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15 marzo 2010
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El revival ha sido uno de los productos más rentables en el mundo del pop durante la década que se nos va. Se ha desempolvado de todo: psicodelia, garage, folk, post-punk. Y, bueno, los resultados han dado para todo: fenómenos alguna vez bombásticos no han soportado el peso de un segundo álbum y el tiempo les ha devorado las entrañas amén de su leve peso y proyección. Franz Ferdinand ha superado las cortapisas propias de un número que se forjó al alero de interpretar lo más vitalista de la new wave. Y siguen siendo urgentes, afilados y, por sobre todo, extremadamente pegajosos.

Kapranos y compañía han construido una fórmula que en su primer disco, por allá en el 2004, sorprendió a todos. Guitarras briosas, un vocalista estupendo, base rítmica sin pausa, y canciones, bueno enormes canciones de gusto pop: Take me out estaría sin duda en un compendio de las melodías que incendiaron el mundo a lo largo de esta década. Y es más o menos esto lo que el grupo de Glasgow mostró en su segunda aparición por estos pagos, la primera en solitario y como se debe. El recital del sábado último fue irreprochable: sobrio, inteligente, con una propuesta que imposibilita quedarse sentado, y una fórmula que ya somos capaces de entender como su propia denominación de origen. Porque hasta en su momentos más flacos, en aquellas canciones menos destacables, los Ferdinand aún mantienen el listón sobre la base de arreglos audaces y ejecución hiperkinética, produciendo la sensación en el espectador de que lo que se cuece en el escenario sí es rock auténtico, peligroso y anfetamínico. Los momentos más encendidos estuvieron en el ensamble de Take me out y Ulysses, en Darts of Pleasure y Michael; bueno, y en el reguero de riffs a veces similares pero nunca agotadores, siempre conteniendo una chispa suficiente como para arrobar audiencias.

El grupo de Kapranos ha tenido una cualidad innegable y es ésta la que le permite seguir, a siete años de su aparición, mostrando aplomo sin señales de senilidad: han recogido con sapiencia las facetas más lúdicas de Bowie, Roxy Music, XTC y Gang of Four, por ejemplo, para construir una sólida estructura donde todo ya luce perfectamente equilibrado, macizo y, qué mejor, profundamente adictivo. Franz Ferdinand, viejos sonidos que ahora nos suenan rejuvenecidos y, más aún, los convierten en uno de los grupos referenciales del decenio. Gran banda y gran concierto.

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