Home » Terapia melómana

Cosa de ídolos, rock para músicos / Rockodromo Valparaíso 2010

por
23 febrero 2010
1 comentario

Luego de Fulano y Congreso, Jorge Campos toma su propio camino

Martes nueve de febrero, Quilpué. La micro se detiene en un local de completos. Es de noche. Jorge Campos, el bajista chileno más connotado de hoy, se alista, a tres cuadras de distancia, a comenzar su show. El teatro Velarde, es un recinto pequeño. Para ver a Jorge Campos y compañía, un lugar ideal. La situación es la de una reunión de viejos amigos de bar. A Campos yo no lo conozco muy bien. Sé que tocó en Fulano y en Congreso, sé que es una eminencia en bajo. De otras cosas me entero por palabras del fotógrafo Philippe Paris. Gracias a él, llevo Machi en el mp3, durante el verano que termina. Antes de asomar en Quilpué me decía: apurémonos,  hueón, que va a empezar Jorge Campos. Yo lo miré tranquilo. En ese bar de Viña el partido no terminaba aún. Las cervezas tampoco. Se acaba esto y nos vamos, dije. Paris se puso nervioso. Se tomó su vaso de un trago. Aparte de fotógrafo(¿lo es?), es bajista, de esos bajistas que juntan y juntan lucas y al final del año tienen un bajo de seis cuerdas. Correlato directo=estaba nervioso. El partido terminó. ¡Vamos! Chilló. Ok, pensé, si SurRuido al menos me pagara las micros.

Camino al Teatro me distraje mirando un afiche de cerveza. Dos rubias, un cuadro plástico. Llegamos. Nuestras credenciales, que con amor hemos protegido, no sirvieron de mucho. Entramos y nos pusimos a un costado del escenario, en primera fila. Jorge Campos está en medio de un solo demoníaco. Le pregunto a un gordo de bigotes y una polera de Serú Giran: ¿Empezó hace mucho?, Recién no más, dice, y sigue moviendo la cabeza. Un baterista, un dj, y dos bajos. Una mezcla más que interesante. Mi disco Machi, dice Campos desde el escenario, es súper loco, súper pelacable. La formación se explaya en Machi. Entremedio Campos realiza pequeños homenajes a Víctor Jara, a la Violeta. Termina sus arreglos en bajo para la Jardinera y vuelve a Machi, en una potente pasada por los temas más rockeros. El público delira, ¡Maestro!, le gritan, ¡Grande!, y cosas por el estilo. Hay pocos asientos vacíos. Los tipos que ocupan el resto entran en una especie de trance. Paris entra en trance. Chascones, posibles instrumentistas, los espectadores aplauden y gritan en medio de los temas. Campos salta, zapatea, vibra. Termina agarrando a combos el bajo. Es pura potencia. Se retiran. El público exige más: ¡otra, otra! corean. No surte efecto, entonces gritan y aplauden más fuerte. Pido en secreto que no empiece el infaltable y, por tanto, ya horroroso Oh oh oh oh oh, Oh oh oh oh oh!. Dios no me escucha y empiezan. Esto dura unos dos minutos, tras los cuales Campos y su chasca y su hermoso bajo Machi, fabricado por él, y su banda, reaparecen. Epílogo: dos temas perfectamente ejecutados y un cierre ahogado entre la distorsión y la maestría. El telón imaginario baja. Salimos. Al rato salen Jorge Campos y su banda. Van a tomarse unas chelas al bar de la esquina y mientras salimos, los vemos desaparecer tras la puerta, bajo los tubos de neón. Nosotros, registro en mano, volvemos a Viña. Algo mareados aún por las cervezas de la tarde. Subimos a una micro. Paris esboza una siesta pegado al vidrio. Yo me pongo los audífonos. Play. Machi otra vez. No es lo mismo. No lo es. Salgo de la carpeta, navego. Spinetta, con Nunca me oíste en tiempo, tema majestuoso dedicado a John Lennon. Así, quizás Paris, con los ojos cerrados, repasa los acordes que acaba de ver sobre el escenario del Teatro Velarde.

——————————-

Fotografía por Philippe Paris

1 comentario »

Deja una respuesta

Este blog utiliza Gravatar. Puedes ocuparlo registrandote en Gravatar.