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Cafeteras, la mujeres detrás de la barra

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22 febrero 2010
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Fotografías por Bastían Cifuentes

Sol tiene 25 años, es de Buenos Aires y trabaja en el café Daja en la calle San Pablo, lleva dos años en Chile y aborrece su trabajo. “Es una mierda de laburo. Tengo dos niñas en Argentina y sólo lo hago por ellas. He buscado otras oportunidades, pero no terminé mis estudios y la experiencia que tengo es moviendo el culo y agarrando pijas” – agrega frustrada – “lo peor es cuando andás agotada o indispuesta, pues se nota al finalizar el día que las propinas no fueron buenas. Un buen día podés ganar más de 30 mil pesos y en uno malo me alcanza para el transporte y la cena. Entre atender frente o tras la barra, lógico que mientras más tiempo pasás satisfaciendo clientes, más dinero hacés”.

Las motivaciones

La manera más facil de ganar dinero es ofreciendo otra cosita

Paloma lleva un año en el Maripri de la calle Serrano. Con cuatro años en este negocio y tres locales de experiencia se considera una mujer experimentada y “muy necesitada”. Con un embarazo adolescente y sin posibilidades de terminar la enseñanza media, “a los 18 vi en los cafés una buena oportunidad, sabiendo que al principio es difícil sacarse la ropa todos los días, pasearte 10 horas en tacos y mantenerse linda y atenta con todo los clientes que entran. Esa no la hace cualquiera”. Sabe que la manera de ganar más dinero es ofreciendo “otra cosita. Lo mejor es atender a los que gastan lucas y son generosos con las propinas, pero una vez me tocó un hueón que pasaba todos los días y como tres veces al mes me pagaba por un polvo, claro que me hacía buenas monedas prestándole el poto”.

Por lo general no poseen contrato y, si es así, no supera el sueldo mínimo. Las propinas, un porcentaje por la venta de tragos y los servicios sexuales son el fuerte de sus ingresos. Por cada cliente que atienden pueden ganar entre mil y 20 mil pesos, dependiendo de las intenciones que traiga. “De todas las chiquillas que yo conozco, el 99,9 % es mamá soltera, hace esto por sus hijos o decidieron sacarse la ropa porque no encontraron otra pega. Lo mejor es olvidarte que lo estai haciendo, les sacai plata, hacis tu pega y cuando podis te pegai un polvo en el privado; ojala atender 20 clientes al día y ganai  más de 600 lucas al mes”.

La vocera del Sindicato de Trabajadoras Sexuales, Marcia Poblete, reconoce que los cafés con piernas “son centros de prostitución disfrazados en horario familiar. Lo mejor sería que ellas se cuidaran, que les dieran su carné sanitario y evitaran cualquier contagio o abuso por parte de los dueños, administradores o la decena de clientes diarios”. Y con un tono de comprensión agrega que, al igual que cualquier otra “trabajadora sexual, debe haber un drama detrás, la mayoría lo hace por necesidad, por falta de oportunidades o de información”.

Las ilegales

Paty tiene 22 años, llegó hace un mes desde Arequipa y trabaja sin visa en el barrio 10 de julio, lleva siete horas parada luciendo su voluptuosa figura y ensayando su mejor sonrisa de bienvenida. Su misión es conquistar las miradas de los libidinosos clientes que ya abundan por el local Cueva del Papagayo. “Demoré dos días en ponerme a trabajar, una amiga ya lo estaba haciendo y me explicó cómo ganar buena plata en poco tiempo”, a la semana de trabajo ya enviaba remesas cercanas a los 200 mil pesos; lo logró con el movimiento de sus caderas y ofreciendo servicios de prostitución.  “Es fuerte, llegué a Santiago y a los tres días tenía un pene en mi boca, cobrando por ello y con el susto permanente de que  me deportaran”.

Sin embargo, las demás chicas de este local explican que es difícil que entre Carabineros porque cuentan con “loros”, hombres que conocen muy bien el barrio y avisan si se acerca algún oficial. Son los que las salvan siempre, “trabajan en el sector y piden servicios a cambio” – agrega la peruana – “y se los tengo que dar”.

La realidad que vive Paty es cruda, similar a la de las demás cafeteras, ella no sabe cuánto más aguantará pues no soporta que “un gordo excitado me toque sin parar” – cuenta que sólo lo hace porque necesita el dinero – “Pregúntale a cualquiera de las otras chicas qué siente o por qué lo hace y te van a decir  algo similar y para nada lindo”.

Las lucas

“Aguacahar calentones”, la técnica para conseguir las lucas

Danitza tiene 27 años y trabaja en el Latino de la calle San Diego, no ve a su hijo de dos años hace más de 12 horas y lo único que quiere es llegar a la casa de sus padres, sacarlo de la cama, abrazarlo, besarlo y acostarse con él para cumplir el rol de madre y padre. “Lo hago por él y por mis errores de pendeja. Estuve en la droga y el copete, acá se presta para eso”. Está consciente que el mundo de los cafés con pierna es turbio. Hace unos años trabajó una noche en una fiesta que se organizó al interior de un local, “uno que quedaba dentro de una galería, terminamos como a las dos de la mañana y gané mucha plata en ese carrete. Aún se hacen esas fiestas y las chiquillas que están más urgidas, después de hacer lo suyo en el local, siguen afuera”.

Las cafeteras con más experiencia llevan a cabo una técnica que les permite ganar más dinero, la llaman “aguacahar calentones”, como cuenta Danitza, “si bien gano buenas lucas perreando y dándole a cualquiera que entra por primera vez al local, gano mucha más si tengo clientes habituales. A los que les voy encantando”, consiguiendo que un cliente se acerque al café a diario, gaste dinero sólo en ella y que le ofrezca más cosas fuera del local, permite que muchas cafeteras obtengan cierta estabilidad en sus ingresos.

Juaco Lavín y los cafés con piernas

Para el ex edil de Santiago Joaquín Lavín fue imposible de evitar o al menos regular a los cafés con piernas. Por ello, a partir de 2002  se les permitió operar con patente de café al paso, lo que dejó al sector en una ambigüedad que permite el abuso de algunos. Además, pactó con los empresarios cafeteros un protocolo de acuerdo que establecía el funcionamiento de los locales: vidrios trasparentes, sin desnudos totales ni parciales, sin ropa que se trasluzca, ni show o baile erótico, sin exhibir pornografía ni vender alcohol o drogas y mucho menos ejercer la prostitución; nada parecido a lo que se ve cuando se traspasa la puerta polarizada.

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Las fotografias fueron realizadas por Bastían Cifuentes como parte de su exploración de la fotografía y los retratos urbanos. Las modelos retratadas no son parte de las entrevistas y sólo fueron usadas como referencia gráfica. Si quieres conocer más del trabajo de este fotografó visita su Flickr, su blog y su sitio

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