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Porque Londres arde y yo vivo en el río: A treinta años de London Calling

por Rodrigo Burgos
17 diciembre 2009
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Probablemente, el disco que mandó al foso al punk y, paradójicamente, usando a ultranza su ideología: si el punk buscaba quebrar esquemas, pues bien, de hacerlo, hay que llegar al límite en todo; ética y estética. Lo peor de todo, la traición vino desde dentro, de los alumnos más aventajados, de quienes hacía no mucho se les veía tan eufóricos y cómodos desguasando la sociedad fascistoide en que vivían a punta de fieros guitarrazos. La concisión tenía fin; como punto de no retorno la misma genialidad de sus músicos. El resultado, un refugio conocido: London Calling de The Clash.

London-callingLondon Calling ostenta esa rara cualidad que sólo la tienen discos que en su mayoría fueron publicados en los años sesenta: álbumes dobles, excesivos en su perfección, construidos con la extraña inspiración que hace que todo ocupe un espacio mágico, que cada canción cuente a su vez una historia profunda y una anécdota sapiente sobre ese levantamiento simpar. Porque si alguna vez estuvieron Blonde on Blonde o el Álbum Blanco, los setenta comenzaban a bajar la persiana con London Calling como la certificación magistral de la cara más brillante de la new wave; recuperar la ambición, la vocación voraz del pop, experimentar hasta revestir los filosos mensajes que ya tenían Strummer y los suyos, pero ahora rodeándolos de todas las música blancas y negras disponibles en el catálogo popular. Porque en London Calling bailaron todos con todo: reggae y ska, punk rock, rockabilly, rhythym & blues, soul, big-bands, pop de tinte épico. E incluso el humor fue distinto: nunca se renunció al carácter combativo, pero ya la escritura expandía los matices: las miserias de la guerra civil española, las pequeñas anécdotas domésticas sobre la incipiente alienación de un hombre presa del libre mercado. También mitologías que acompañan al rock desde sus inicios, arranques en la carretera,  personajes cinematográficos, reyertas policiales, lo que quieran. Atiendan a esta frase, “Ya la falsa beatlemanía muerde el polvo”, y verán de qué estamos hablando.

clashHubo discos de pop grandes antes de London Calling. Sí, claro. Valdría la pena hablar con cierta holgura de This Year’s Model de Elvis Costello y All Mod Cons de The Jam. Ambos, publicados un año antes del opus clashiano. Discos que ya tomaban el punk como la pócima inicial, la vocación anfetamínica que nutría una música que ya traspasaba el género para asentarse en una gradería más alta. Y The Clash ya tenía en mente la ruta que su música debería seguir. Si alguna vez se erigieron en el emblema más consistente de la rebelión blanca del ’77, ahora indicaban que su mensaje superaría la coyuntura para hacer eterno y universal.

A treinta años del momento más grande de The Clash, recordemos que el 14 de diciembre de 1979 visitó por vez primera las bateas de las disquerías del orbe, nunca viene mal darse una nueva vuelta por un álbum que ofrece siempre frescor, lucidez y pasión interminable. Hoy, la favorita es Death or Glory, mañana será Wrong’em Boyo, ¿cuál es la tuya?

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