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Sentimiento lindo que presiento: Congreso y sus cuarenta años

por Rodrigo Burgos
12 Noviembre 2009
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Congreso1969Un 24 de agosto de 1969, a eso de las once de la mañana, cinco jóvenes se subían por primera vez al escenario del Teatro Velarde, en Quilpué, Región de Valparaíso. Una festividad municipal fue la ocasión escogida para debutar ante el público con una nueva propuesta que recogería el infeccioso rock anglosajón pero recordando que si uno vive tan lejos de Londres, por algo será. Los Beatles y Violeta Parra son mis copilotos. Pero claro, los chicos no eran unos desconocidos; los hermanos González, Fernando, Patricio y Sergio, habían animado durante los años anteriores las veladas de la zona bajo el mote de Los Masters: sonido tipo The Shadows, rock & roll y beat. Así también, el vocalista de la nueva apuesta, Francisco Sazo, tenía a su haber una membresía en Los Psicodélicos, que de lisérgicos tenían más bien poco, pero sí mucho entusiasmo y candor juveniles.

Sobre las tarimas del Valverde, los González, Sazo y un amigo invitado a encargarse del bajo, Fernando Hurtado, decían hacerse eco del deseo de un nuevo trato, de un intento de fraternidad ecuménica y respetuosa, donde hubiese un espacio de afecto para todos. Entonces, nació un canto de fervorosa humanidad: Congreso.

A cuarenta años de esa tímida y lejana partida, Congreso ya es una historia grande en la música popular chilena. Una banda que ha construido relatos con aquéllos que aparecen en los márgenes de las fotografías, borroneados y difusos, quienes andan por las calles con sus pequeñas pero fascinantes travesías personales. Una historia mínima, sí, pero rebosante de la épica de la dignidad.

Congreso 1975Fueron, también, la señal del triunfo del arte sobre el horror, la derrota de las sombras a mano del canto honesto. Cuando soñar podía costarte la vida, Congreso perseveró derrochando belleza para mantener despiertas las mentes de quienes se negaban a abandonar sus esperanzas. Pasaron los años, y la banda también fue el catalizador y reflejo del levantamiento de una sociedad que ya estaba lista para bregar por su derecho a la luz. Varios años han pasado y Congreso ahora le canta a esas vidas rotas de las cuales no se hace cargo ese tan cuestionable precepto de un país moderno.

Hoy, lejos de perder vigencia, están prontos a lanzar un nuevo álbum titulado “Con los ojos en la calle”, y durante los primeros días de diciembre tocarán parte selecta de su repertorio junto con la Orquesta Filarmónica del Teatro Municipal.

Y está, pero claro, la música. Una conjunción extravagante y exquisita, unas veces frágil y austera, otras apabullante y lujosa, colorida de pop, rock, música docta, folclore latinoamericano, jazz, y los estilos que usted pueda imaginar. Únicos e inimitables.

Como reza una de sus canciones, Congreso partieron en un viaje tras la montaña armados con sus sueños y esperanzas; han regresado, dichosos, a contarnos las maravillas que se esconden en la cresta del mundo. Una expedición mágica que aún no concluye y de la cual somos acomodados espectadores.

Seis paradas en un hemiciclo ejemplar

El Congreso 1971
CongresoAprovechando el trabajo discográfico que ya habían realizado previamente como los Masters, los González proponen al entonces jefe del sello Odeón, Jorge Oñate, grabar una nueva música, amasijo de beat y puntuaciones autóctonas y cantada en castellano. A regañadientes el sello acepta la apuesta y Congreso graba su primera canción; Fernando González musicaliza el poema Maestranza de noche de Neruda. El resultado es perfecto: melancolía lárica en una canción que se va con la naturalidad de un suspiro. La buena recepción los lleva a grabar y publicar en 1971 su primer álbum, El Congreso. A pesar de la timidez y precariedad de la grabación ya se avizoran las glorias que han de venir. La ya descatalogada reedición de los años noventa incorporaba el segundo disco sencillo de la banda, Cómo Vas/Nuestro es el Momento, ya maduras demostraciones de una banda que gracias a la experimentación acertada fijaba con emoción sus logros.

 

 

 

Terra Incógnita 1975
1975 Terra Incognita 01A pesar de que su grabación de inició en 1973, solo dos años después Congreso pudo lanzar su segundo elepé. Momentos duros; otras bandas habían decidido abandonar la música –Los Blops- o emigrar del país –Los Jaivas. Congreso permanece intentando mantener un perfil bajo que los proteja de la censura y la mortaja dictatorial. Terra Incógnita es un disco triste: lleno de veladas, y no tanto, referencias a la muerte de un sueño, al altísimo precio que se está pagando por invocar la muerte sin ningún rubor. Ubicados en una tierra de nadie, en medio de brumas y miedo, el canto es lo único que fortalece. Como recuerda la letra de Los Maldadosos: “De todos los oficios que tienen las cosas, hay unos que son malditos por meter gente a la fosa”. En lo musical, el grupo robustece su sonido gracias a la incorporación en vientos de Renato Vivaldi. Quenas, zampoñas y charangos conviven con guitarras y bajos eléctricos, más las polirritmias de Sergio “Tilo” González, en un bendito encuentro que ya depara varios clásicos: ¿Dónde estarás?, Vuelta y vuelta, el Torito, Tus ojitos. La reedición integra el single de año ’73; la bella Amo la gente sencilla y la intensa El Oportunista, ésta dedicada a los inescrupulosos que sacaban sus dineros al extranjero los meses anteriores al Golpe de Estado.

Congreso (Álbum Café) 1977
1977 Congreso 01La obra maestra del primer período Congresista. Se atreven con temas que incorporan cierta veta progresiva en sus canciones; el peso de las composiciones comienza a moverse desde Fernando al Tilo González, quien gracias a los estudios en Música que cursa por entonces va descubriendo nuevas formas para la música de un grupo que no detiene su ascenso. Este es el disco de Los Elementos, una maravillosa suite que hermana rock guajiro, cueca y trotes nortinos; es también el cobijo de El cielito de mi pieza, el último y maravilloso aporte compositivo de Fernando González. En Arcoiris de Hollín están aquellas célebres palabras de Sazo dedicadas a los tiranos de turno: “Varios caballos negros pasan volando, van levantando noche, niebla y espanto”.Un álbum que debiese escucharse al menos una vez al año para recordar que Chile no es solo un tránsito entre la decadencia y lo efímero.

Viaje por la Cresta del Mundo (1981)
viajeUn nuevo comienzo. Ya no están Pancho Sazo, quien viaja a Europa a realizar estudios, y Fernando Hurtado. Mientras tanto, Tilo González se ha deslumbrado con la música de autores contemporáneos latinoamericanos como Heitor Villalobos; llegan refuerzos: un joven brasileño llamado Joe Vasconcellos, pertrecho de tambores y tensión indigenista; también ingresa Ernesto Holman, un bajista deudor de la fusión de Jaco Pastorious. Hugo Pirovich en vientos, Ricardo Vivanco en percusión, y Aníbal Correa en piano, completan el nuevo Congreso. Un disco que enaltece el manoseado concepto de fusión y además una lúcida manera de entender y complementar un choque cultural de marca mayor. El sonido del grupo ha cambiado para siempre; el calor hippie ha sido sustituido por un tono más cerebral y virtuoso. Complejos pero jamás crípticos. La emoción sigue servida. Nuevos himnos como Hijo del sol luminoso e Hijo del diluvio refuerzan un disco capital del camino congresista.

Pájaros de Arcilla (1984)
1984 Pajaros de arcilla 01No son pocos los que ven en Pájaros de Arcilla el cénit musical de Congreso. Y hay razones para ello: la libertad y lujuria interpretativa impresiona; casi un álbum enteramente instrumental –Hugo Pirovich aporta su voz en los dos temas que así lo requieren. Contradicciones que se dan en Chile: el proyecto de disco fue rechazado por la filial chilena de EMI aduciendo el poco perfil comercial de la obra, por lo que el grupo se traslada a Buenos Aires para grabar y publicar allí su nuevo asalto. Sin reediciones disponibles, hallar el álbum se ha transformado ya en un safari de coleccionistas.

Estoy que me Muero (1986)
Congreso-Estoy Que Me Muero - googlefest.blogspotEl regreso del Hijo Pródigo. Pancho Sazo vuelve a hacerse cargo de la voz y los textos de Congreso; prepara una sorpresa. El disco cuenta la historia de Marcelo Nkwambe, un ficticio marino africano que supuestamente estuvo en Chile durante el terremoto de Valparaíso en 1906. Un juego de espejos: Nkwambe alude a un Chile que no es otro que el asolado por el sismo de marzo de 1985 y por un Dictador estúpido y malévolo. En lo musical, Congreso inicia una nueva ruta donde el pop retiene un importante espacio dentro de la acostumbrada inquietud estilística. Dos nuevos músicos, Jaime Vivanco y Jorge Campos, teclados y bajo respectivamente y provenientes de Fulano, sofistican un sonido en que el jazz es observado desde un tratamiento más atmosférico.

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