El bello sonido de la despedida: Cuarenta años de Abbey Road
28 septiembre 2009 4 comentarios
Tus diez y diez más: Abbey Road y el fin de la fiesta
¿Innovadores o difusores? ¿Talentosos o famosos? Alguna vez, hojeando un libro sobre música popular, aparecían estos epígrafes justo encima del capítulo dedicado a los Beatles. Para ponerse a pensar. Porque a cada uno de nosotros que ha vivido su vida a través de las canciones de los emisarios norteños, nos ha oprimido el estómago, nos ha costado una eternidad salir de esa ensoñación emocional para entrever siquiera cuál es el misterio que estriba detrás del mito beatle. Además, qué difícil es. Tantas lecturas, comentarios, citas, conciertos, portadas, triunfos inapelables, hemos sido capaces de consensuar muy pocas cosas, sin embargo una de éstas es que el mundo es un mejor sitio desde que aparecieron los Beatles.
Al salir del cuño materno y conocer que en ese carnaval de los años sesenta hubo otros grandes alborotadores, uno llega a reconocer a los de Liverpool como los grandes directores de un sinfónica mágica y caótica, los cabecillas de una revolución sonora que empezó con ellos pero en la que otros tuvieron harto qué decir. Los Beatles lo tenían claro, más o menos desde 1965. Admiraban y aprendieron de Dylan, Wilson y The Who; poco después les llegaron noticias de una yonquis de la Gran Manzana obsesionados con lo malsano; fueron amigos y confidentes de Roger McGuinn y los embrujos de su Rickenbacker. Desde 1965, los Beatles sabían que la competencia en la gran empresa del pop se ponía espinosa: ya no bastaba con bordar una bomba beat tras otra. Debían dar un poco más y, como ustedes bien lo saben, estuvieron a la altura.
Y, porque es eso lo que nos llama ahora, Abbey Road se pliega a esa sensación de fin de fiesta que ya se respiraba en 1969; se desmigaba el sueño de amor y paz, la realidad golpeaba con nudillos en sangre. Escuchen a John, siempre altivo y rasposo en canciones que ya no hablaban de inventivas juergas imaginarias sino de amores atosigantes, de horizontes turbulentos; Paul, consciente de su papel de artífice pop y gentilhombre figurando cuál es el final más idóneo para un momento sin parangón en la historia; George celebrando su talento y la cercanía de la liberación; Ringo, bueno, Ringo es Ringo y esto ya es mucho.
El 69 es un año en que la música popular no detiene su fertilidad pero sí su desmesurada confianza en el futuro: los discos resuman una textura espesa y agridulce. Ahí están The Kinks con Ray Davies ajustando cuentas con el decadente Imperio Británico en un álbum que también merecería un homenaje: Arthur; The Who enfrentando la desorientación solipsista del adolescente por medio de Tommy; unos chicos de Detroit muy ajenos a la casa Motown y su sonido para la joven América, hastiados hasta el copete, dan forma definitiva al tedio punk con una iguana al frente y el apelativo de Stooges; el folk británico enriquece sus formas a través de Pentangle, Fairport Convention e Incredible String Band. Cómo dejar fuera de foco a Caravan y Soft Machine, erigiendo la escuela de Canterbury, diseñando un sonido que hermanó jazz, pop e intelectualismo sin pedantería. Necesitaría al menos tres páginas para dedicarle unas pocas y mezquinas líneas a cada estupendo disco editado en 1969, a los de Sly & The Family Stone y Funkadelic, llevando el soul hacia un piso de mayor riesgo y conciencia de clase; a los últimos y desgarrados gritos del hippismo californiano a través de Jefferson Airplane y Grateful Dead; la consumación del cantautor desolado que fue la aparición de Nick Drake. Todo en el 69, todo memorable.
Y en Londres, los cuatro más queridos haciendo un último esfuerzo para recuperar la dañada fraternidad y, en palabras de Lennon, dar las gracias por la atención brindada hacia él y su banda. Abbey Road es, simplemente, el carpetazo final, el cierre del boliche; celebrando por lo alto, sin escatimar en manteles y copas pero, ténganlo claro, esta es la última vez que nos sentamos juntos a la mesa y bebemos del mismo licor. Una despedida, sí, pero agradeciendo el haber hecho todo un poco más grato y llevadero. Lo dijeron ellos mismos: al final el amor que haces es igual al que recibes.
El sonido que persiste en el tiempo

Cuatro décadas de un sonido que no ha muerto. Los Beatles dejaron con “Abbey Road” una compilación total de lo que fue su carrera. Sabían que era el final y plasmaron el dolor, la libertad, la nostalgia y el amor de la despedida. Podemos encontrar Rock ‘n’ Roll en “Oh Darling” de mayor tradición Lennoniana, pero esta vez, es Paul el que nos deleita; la influencia clásica de Paul, también podemos encontrarla, en especial en el Medley, ya que en este ocupa una melodía de base, en la cual hace variaciones y crea distintas atmósferas con las mismas notas, al igual que lo hace Beethoven en su Novena; la psicodelia en el final de “I Want You (She’s So Heavy”; la comicidad de sus primeros años en “Octupus’s Garden”. Son los 44 minutos finales de una historia que no ha tenido fin. El sonido y su latencia siguen flotando en el tiempo.
La importancia de este álbum, para los integrantes de la banda, reside en la tregua que tomaron, de sus diferencias que se venían dando entre los integrantes, en especial entre Lennon y McCartney. Tras la grabación de “Let It Be” decidieron hacer un disco como los hacían antes; por pistas. Estuvieron todos de acuerdo y los Beatles, en entrevistasposteriores, los cuatro coincidirían en que fue una época maravillosa; todos fueron capaces de enfocarse en la música, cosa que en el disco queda totalmente evidenciado, pues, es un disco que posee un status de obra, a diferencia de “The Beatles” (1968), por ejemplo.
“Abbey Road” marca el final de la era Beatles, es por eso que siempre volvemos (y seguiremos volviendo) a él. Con esto se abre una nueva era, la cual corresponde a la reposición de la obra de los “Fab Four”. Nos damos la licencia de decir, que después de 40 años Los Beatles, son la influencia más recurrente, entre las bandas importantes de hoy en día. Al final todo vuelve a ellos.
Por ultimo, Paul McCartney, el principal compositor del álbum y además, en esa época él único que quería seguir produciendo con ellos, más por su insaciable hambre de crear que por mantener a su banda unida. Estaba seguro que sería lo ultimo que harían juntos, así que compuso piezas emotivas como la cúlmine “The End”. Aquel solo de guitarra envuelta en lagrimas, seguirá sonando por siempre. Gracias por darnos esperanza; por darnos razones para seguir creyendo en el amor.
Paul is dead: Derribando mitos sobre el paso de cebra

La tapa del Abbey Road ha sido una contundente fuente de nutrición para uno de los mitos urbanos más grandes y controvertidos de la historia de la música. La idea de que Paul McCartney habría muerto tras un accidente automovilístico en 1966 —justo después de la última presentación en vivo de los Beatles y antes de la aparición del Sgt. Pepper— y habría sido sustituido por un doble idéntico de nombre William Campbell (el único e inigualable Billy Shears), creció hasta niveles insospechados; incluso aún hoy permanece la polémica creencia.
Cuando en 1969 apareció Abbey Road, el mito se volvió casi una certeza, luego que los más suspicaces comenzaran a descubrir en las fotografías de sus tapas algunas señales que supuestamente los mismos Beatles habrían puesto para dar a conocer al mundo la verdad sobre la muerte de McCartney. Señales que, por lo demás, ya venían apareciendo desde la portada del Pepper.
Si el collage de la portada del Sargento Pimienta era en verdad el funeral de Paul, incluso con algunos argumentos muy elocuentes sobre esto y otros francamente disparatados, el Abbey Road representaba la procesión fúnebre donde John, vestido de impecable blanco, vendría siendo el predicador que encabeza la marcha; Ringo, vestido de luto, simboliza a los deudos; Paul por supuesto sería el difunto y George, vestido por completo con telas de mezclilla al final de la fila, estaría en el lugar del sepulturero.
Una curiosa interpretación, considerando que es sabido que la portada del disco, así como el mismo nombre, fueron improvisados a última hora y la foto, tomada en la esquina misma de los estudios de Abbey Road, no contó con más producción que una escalera (desde donde se tomó la instantánea) y la ropa que llevaban los mismos Beatles aquel día. Todo el entorno, incluído el famoso Volkswagen blanco, quedó retratado tal y como era la cotidianidad en Abbey.
Existen muchas supuestas pistas en la histórica portada; algunas más, algunas menos, todas polémicas y debatibles. El mismo McCartney, en su disco de 1993 hace un desmentido del mito: la portada de Paul is live, así como el título, se encarga de parodiar las interpretaciones surgidas al respecto.
¿Habrá muerto Paul en 1966? ¿Existirá realmente William Shears Campbell? Sea uno o sea el otro, tal vez lo que realmente importa es que alguno de ellos nos regaló junto a John, George y Ringo, este disco inmortal.
Creando a la distancia un final a la altura

La forma de trabajo que se llevó a cabo, coherente con el distanciamiento de la banda, consistió en la utilización del resto de los integrantes como objetos de la creación de cada compositor, dejando el trabajo de lado. El profesionalismo y el intenso deseo de crear permitieron dejar de lado los conflictos que los mantenían distanciados, logrando desarrollar una obra cohesionada y de una coherencia abrumadora.
La expresión más clara que demuestra el fruto de este método es el experimento liderado por McCartney. El álbum en su sección final nos presenta un medley, término que se ocupa para definir una serie de canciones o secciones de éstas entrelazadas, generando una consistencia transversal. Como a esta altura era de costumbre, en esta expresión musical The Beatles son pioneros, considerándose el primer medley de la historia. Más allá de los datos históricos y la relevancia como hito que representa, es importante adentrarse en entender qué significancia tiene para la banda.
Como sabemos, se encuentran realizando su último disco, dándole cierre a una majestuosa carrera, llena de exploración y talento desbordado. Es en este contexto donde el concepto del “medley de Abbey Road” tiene una doble significación: por un lado constituye un cierre a la altura del periplo musical que la agrupación realizó, el cual no podía remitirse a una sola canción, intentando entregar numerosas visiones del final de la aventura. Siguen siendo novedosas, de ningún modo se remiten a un resumen de su obra. Y por otra parte, es el último intento de una realización en conjunto de sus integrantes, que solo se pudo dar en la forma de medley.
Los Beatles en su momento más distante logran fundirse en una expresión musical que quisiéramos no tuviese final. Los diferentes pasajes van creando una nostalgia que precede al fin. Desde Your Never Give me Money hasta The End, ocho son los últimos momentos que nos entrega la más importante agrupación de nuestra música popular; para la anécdota queda Her Majesty, pista oculta, que desrelativiza el apoteósico final del disco (“in the end, the love you take is equal to the love you make”).
Abbey Road, estudio, calle, álbum. Palabra convertida en métafora moderna, evoca potentes significados en la música. Todos asociados a ese lugar mágico que logró contener y registrar la obra de cuatro mentes desbordadas de genialidad. Porque si bien las artes se sitúan en una categoría distinta y muchas veces inferior a las ciencias, los Beatles son genios modernos a la altura de Freud, Nietzsche o Einstein, solo con influencia en otras esferas: la de nuestras subjetividades.













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Excelente nota acerca de la última obra maestra de los de Liverpool, buen portal…
Nada que decir.
Abbey Road, en mi humilde opinión, es por todo su contexto el mejor disco de The Beatles. No hay canción que mire por el hombro a otra, todas en un nivel mayúsculo de genialidad, preciosismo y armonía.
Que regalo final nos entregaron los más grandes de la música contemporánea!!!
y por cierto…
La interpretación del Medley que hiciste me pareció genial.
Abbey Road y todos sus otros lps. , aun tengo vigente la musica de los beatles como los mejores ya que revolucionaron la musica , eran geniales y aun no superados.
Exelente reportaje , los felicito y sigan adelante