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Comentario Segundo Festival de solistas en solitario

por Rodrigo Burgos
11 agosto 2009
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Colgarse una guitarra acústica e invocar a las musas es quizá un recurso demasiado recurrido por estos días. Y los resultados siguen estando lejos de la magia que podría provocar un uso adecuado de un libro de género de tan conocidas bondades.

leo quinteros

Leo Quinteros

La segunda versión del Festival de solistas, realizado el sábado primero de agosto en el cine Normandie bajo el auspicio de cerveza Corona y el sello Quemasucabeza,  fue una muy buena oportunidad de apreciar el estado de aquellos que han optado por el guiño solitario en lugar de la pertenencia a una banda como modo de expresión. Un cartel con nombres ya consolidados y otros aún en plena evolución, matizaban una noche que tendría al cerrar más peros que triunfos.

El primero en salir a escena fue Leo Quinteros. No fue la mejor noche para el autor de Fiesta Pagada; problemas de sonido y con las bases, más cierta opacidad anímica, restaron impacto a su presentación. No obstante, Quinteros sigue siendo punta de lanza indiscutida de la escena nacional: su versatilidad es única, conoce los estilos y los emplea con soltura y, por sobre todo, sabe escribir excelentes canciones. ¿Porque de esto se trata todo el cuento, de escribir buenas canciones, no? Esperaremos hasta quizá el lanzamiento del esperado nuevo disco de Leo para apreciar en mejores condiciones su trabajo que ya ha entregado tres elepés de excelente nivel.

Y un salto para caer en quizá lo más bajo de la noche, curiosamente el invitado extranjero: Diosque. Frecuentemente uno se pregunta sobre el momento actual de la música argentina, de esa falta de sofisticación y consistencia que los lleva una y otra vez a caer en los tópicos de la bullanga, la falta de concisión y de pulitura. Lo de Diosque, me perdonarán sus seguidores, no se sostiene ni con gomina. Un tejido indigesto de muletillas, de apenas esbozos de algo, presumo, podría intentar acercarse al ideario de Syd Barrett post Pink Floyd para acabar chapoteando en una menos que amateur visión del fondo acústico de Luis Alberto Spinetta. Hace algunas semanas un también músico argentino, no retengo el nombre, teloneó a The Ganjas en la SCD. Un supuesto brujo místico arrebató la sala de pésimas vibraciones y una mediocridad que ya se le quisiera un certamen escolar; lo de Diosque no llegó tan lejos pero su aporte fue minúsculo.

Manuel García

Manuel García

Enseguida, fue el turno de Fernando Milagros. Un autor en ciernes al que aún le falta octanaje y, por sobre todo, canciones, buenas canciones que lo saquen definitivamente del limbo en que pernocta perezosamente. Un poco más afortunada fue la aparición de Camila Moreno, emergente música que tiene a su haber una energía y una espabilada forma de combinar materias diversas que aprovechada en una mejor arquitectura podría dar más que alguna sorpresa en el futuro cercano. A esperar.

Y llegó el turno de Manuel García. El creador de Témpera demostró bagaje y señaló que su carrera no se estanca y sigue en proceso de ascenso. Su música se ha fortalecido en el camino que va de Pánico a Témpera y cada vez logra de mejor forma liberar su mirada de esa a veces excesiva confianza en el manual de la trova cubana. Uno de los buenos momentos de la noche.

En fin, contrastes y trabajo, mucho trabajo, son el saldo de una jornada que sirve como ideal muestrario de la dotes de los solistas que pululan por nuestras calles. A ver si la guitarra les señala el camino hacia sus respectivos nirvanas.

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