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Michael Jackson: el adiós de un Rey en palabras de un plebeyo.

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8 julio 2009
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michael_jackson5Nunca imaginé  que podría ser tan difícil escribir algo así. ¿Qué puedo decir que no se haya dicho sobre la muerte del rey del pop? ¿Qué  puedo decir sobre su vida que resulte novedoso? Ni siquiera tengo el oficio y la rigurosidad de un periodista, soy solo un fan afortunado de ser músico; entonces la emotividad, la rabia, la incomprensión de esta historia tan surrealista me nublan a priori.  Así tomé la decisión de no hablar de porqué creo férreamente en su inocencia, de porqué se volvió blanco, de porqué tenía razones para su extravagancia, de porqué esto y aquello. A riesgo de que a nadie le importe, decidí hablar de mi, de aquella relación ilusa que todo fan cree tener con su ídolo, de como la música puede cambiar una vida, tal como la de Michael cambió la mía.

El año 1993 se anunciaba el acontecimiento más grande del que tengo memoria, junto con el concierto de Paul McCartney del mismo año.  Y si bien los Beatles son hoy mi religión (si, tal cual lo oyen), la gran diferencia es que a Michael Jackson ya lo conocía y ya era un fanático suyo. Esto gracias a los programas ochenteros y noventeros de nuestra querida tele abierta. Sábado Taquilla y Más Música me abrieron el mundo hacia los videos de Thriller, Billie Jean, Bad, Rock with you y un largo etcétera, más, por supuesto, la salida de la loca película Moonwalker que aún hoy no soy capaz de entender.

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Pero ese 1993 era el año del disco de Michael que más viví: el Dangerous. Con nueve años tenía un pantalón de cuero gris que arreglé para que me llegara al talón, tenía mocasines negros con calcetines blancos, tenía una camisa blanca que usaba abierta (que no era de colegio, en mi colegio la camisa era celeste), bajo ella una camiseta blanca, una venda en la mano y antebrazo derechos, parches curitas en las yemas de los dedos…. si ya adivinó, me detengo.  Si no ha adivinado, redirijo la referencia al video clip de Black or White, primer single de Dangerous. Ahí estaba yo, deslizándome en el suelo, tirando pataditas al aire, haciendo el sidewalk (la versión del moonwalk hacia al lado) y todo eso, descubriendo paso a paso la música y la genialidad de este gran artista que me generaba tal fascinación.

Lamentablemente, la noticia para este pergenio de 9 años era que no había posibilidad de ir al concierto de su ídolo, lo que solo incrementó mi ganas de seguir bailando. Después me compré el Bad, el primer cassette que compré con mi propio dinero. Seguí bailando, no por mucho más tiempo, pero lo más importante es que me metí en un viaje de descubrimiento del que no volvería jamás.

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A esa misma edad aprendí a tocar guitarra y a conocer de música propiamente tal, lo que me hizo comprender mucho más ese talento inconmensurable, acercándome por primera vez al Off the wall, gracias a mi prima Javiera, y a la época con los Jackson 5, la cual en días como hoy me parte el corazón.  Cuando estudias la música y la comprendes, pasa eso que dijo un tipo llamado Sócrates: solo se que nada sé. Cuánto más grande es el conocimiento, más te sorprende que un ser humano tal como tu pueda hacer cosas que jamás soñarías con hacer.

Michael Jackson en la música era extraordinario, incuestionablemente, esto aunque caigamos en las estadísticas estúpidas que a los periodistas deportivos tanto les gustan. Compositor de la gran mayoría de sus canciones, multiinstrumentista (tocaba piano, guitarra, batería, bajo, beatbox antes de su moda, etc.), un cantante con una voz privilegiada (más de 5 octavas, para los entendidos… la envidia de cualquier vocalista metalero), un sentido de la armonía perfecto, un lenguaje de scat propio y excepcional (los Hi-hi, los Uhh, los Shamoun, los Ah, los mini llantos, todos marca registrada del rey), un ritmo y groove envidiable que puso a bailar hasta a Saddam Hussein, todo esto hace que su rol de record man sea justificado e incontrovertible. ¿Cómo no?, si el sujeto aprendió a cantar antes que a leer. Ahí estaba ese otro pergenio, de 11 cortos años, cantando en el show de Ed Sullivan con su sombrero púrpura, sorprendiendo al mundo con un manejo escénico sin parangón. Mientras a esa edad nosotros jugábamos a las bolitas (y otros como yo bailábamos Black or White), a él le tocaba ser el pilar fundamental de su casa, de sus 9 hermanos, de su madre y su tirano padre.

Michael-Jackson-1993_lCon la muerte de Michael Jackson he tenido que reconocer que muere una gran parte de mi infancia.  Es muy triste ver que te quedan sueños inconclusos no por tu culpa, sino por el trágico destino. Con mi prima Javiera, la que me enseñó el Off the Wall cuando niños, habíamos hecho un pacto de viajar a verlo, estábamos decididos a pasar endeudados cuanto hubiere sido necesario, pero lo íbamos a hacer. Ahí quedó, la infancia perdida en una canción que bien puede ser “Remember the time”, recuerdos de tiempos que definitivamente no volverán.

No he visto los videos en que salgo bailando como él junto a mi amigo José Miguel. No he visto a mi amigo José Miguel hace unos 10 años. No he visto ese añejo VHS donde guardé todas las imágenes de la tele del ’93 que anunciaban su llegada. No he visto el dvd del Dangerous Tour. No he buscado mi atuendo que de  seguro está perdido por ahí, ni siquiera para mirarlo. Quizás aún después de casi dos semanas que se fue y un día de su funeral, mi mente quiere pensar que sigue ahí, que en cualquier momento me tomo un avión a cualquier parte del mundo para verlo bailar una primera y última vez.

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