Melomanía: I hate the fucking Eagles, man!
15 Abril 2009 0 comentarios
No hay ambiente más amniótico para The Dude que la cabina de su auto mientras su compilado de Creedence suena a todo tarro. Un porro gigante en una mano y una cerveza en la otra completan el cuadro perfecto. Un melómano frente a la cámara es un personaje de atractivo innegable, su esquizofrénica relación con la música es una mezcla de salvación y condena. Un punto emocional a medio camino entre un amor redentor y la adicción a la heroína. Además, es la excusa perfecta para lucirse con un soundtrack de la puta madre. He aquí algunos casos de interés.
Rob Gordon (John Cusack):
Sacado de las páginas de la novela de Nick Hornby y llevando a su protagonista desde Londres a Chicago, High Fidelity (Stephen Frears, 2000) chapotea en refrescantes charlas acerca de todo y nada. Rob nos habla de las mujeres que le han destrozado el alma, de las películas que le gustan y, por supuesto los discos que han marcado su vida. Contagiosa costumbre, la de ir por la vida haciendo mini rankings con ese extraño placer que da el reduccionismo morboso.
High Fidelity lleva a la pantalla aquello que algún siútico por ahí llamó “el soundtrack de la vida”. La música que Rob adora (y odia) está relacionada directamente con cada evento de su vida y con el ambiente que lo rodea. Varía de la misma manera que su estado de ánimo. Imagino que el silencio inherente a la literatura hacía imprescindible llevar esta aventura musical al cine. Discutir con la polola acompañado por The 13th Floor Elevators, o salir derrotado hacia la lluvia, mientras Bob Dylan canta “Most of the Time” son lujos que uno se puede dar sólo cuando es el personaje de una película.
Joshua Edwards (Richard Kiley):
Joshua es un personaje secundario. Profe de matemáticas en una película ambientada en la era del bebop y que presenta sus créditos iniciales y finales con el pulso ardiente de Bill Halley y su “Rock Around the Clock”. Sin embargo, su conversación preferida cuando comienza a conocer a alguien es: ¿Te gusta el swing? Mala cosa. Porque esa sola frase lo aparta de inmediato de cualquier otro ser humano, incluso del bueno de Richard Dadier, el protagonista de Blackboard Jungle (Richard Brooks, 1955) quien simplemente asiente indiferente mientras lo deja hablar de su colección y de “escucha esta parte” y todo ese jaleo.
Aparte del antes mencionado, el largometraje nos regala dos memorables momentos musicales. Pequeños videoclips que unen jazz sibarita de la era dorada con violencia pandillera. Una golpiza callejera de padre y señor mío sincopada con “Invention for Guitar and Trumpet” de Stan Kenton (Stan the man, según Edward) y un segmento en que Joshua -en una pésima movida- lleva su invaluable colección de 78rpm para incentivar a los neanderthal que tiene por alumnos para que aprendan algo sobre matemáticas aplicadas. Pero los animalitos no reaccionan muy bien. Los discos se transforman en freesbees, sólo para hacer saber a Joshua Edwards quien es el que manda. Dolorosa escena musicalizada por una de las figuras más trágicas del jazz junto a Charlie Parker. Bix Beiderbecke y su grabación de “The Jazz Me Blues” era la placa que Edwards esperaba lograra seducir a sus alumnos. En su lugar, debo decir, yo hubiese elegido “At the Jazz Band Ball” de la misma agrupación (Bix Beiderbecke & his Gang) aunque de seguro la cosa hubiese terminado igual de fea.
Harvey Pekar (Paul Giamatti):
“American Splendor” (Shari Springer; Robert Pulcini, 2003) mezcla el biopic de ficción con entrevistas a los personajes reales, y narra la historia de Harvey Pekar, un don nadie que llega a transformarse en una figura rutilante del cómic americano. Viviendo en un departamento mugriento, sus vinilos observan cómo su vida emocional se desmorona. Casi parece que no ha podido parar bien su existencia porque lo mejor de su energía lo reserva para los discos y la lectura. Harvey incrementa su colección por el sólo placer de verla crecer y apoderarse de su pequeño departamento como si fuese la mancha voraz. Que sobrepase las estanterías para tomarse otros muebles, algunas cajas o incluso el suelo.
Su explosión como artista llega cuando comienza a contar en cómic la aridez de sus peripecias urbanas. Esta transición vital está resumida en un divertido clip que hace el paralelo entre la realidad y el papel entintado junto a Marvin Gaye y “Ain’t that Peculiar”. Pero contar una historia de éxito brillante sería desentenderse de gran parte de la humanidad y traicionar el espíritu de la historieta. La vida de Harvey nunca realmente logra elevarse, pero dice el mismo: “…la guerra ya está perdida, lo importante es ganar algunas batallas en el camino”. Harvey mira a su esposa y a una pequeñita recién adoptada patinando en el hielo mientras John Coltrane y Eric Dolphy tocan su versión de “My favorite Things”. Definitivamente, descubrir el mundo que se abre cuando la aguja comienza a recorrer los surcos, es también una de esas victorias notables.
A vuelo de pájaro, las cinco mejores bandas sonoras de la historia:
“Goodfellas”, “Pulp Fiction”, “Hannah & her Sisters”, “Once Upon a Time in the West” y “Amarcord”.












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