Especial Diez años sin Kubrick: Palabras para el Director
26 marzo 2009 2 comentarios
Se señala en relación a la obsesión, que en gran medida su accionar apunta a no dejar espacio alguno fuera del control, todo bajo el dominio de la persona que manifiesta esta forma de comportamiento. En otras palabras, apagar el deseo que es la base del movimiento humano y su constante intranquilidad en relación a su persona y los otros. Desde esta perspectiva, podrían buscarse momentos de éxtasis que acaben con el deseo y su búsqueda, siendo la muerte el final de este camino, donde últimamente el deseo se apaga. Seguramente y más allá de su conciencia -o más allá del infinito, citando el último capítulo de su más grande obra- Stanley Kubrick alcanzó por instantes en su filmografía calmar su intenso deseo por crear, por encontrar algo innombrable a través de uno de los periplos artísticos más importantes de la historia del cine. Sin duda estos momentos fueron de tan corta magnitud que no le permitieron nunca detenerse a disfrutar de lo realizado sin estar pensando en su siguiente proyecto, en donde intentaría explorar y sumergirse en lugares nunca antes conocidos por la humanidad.
Un siete de marzo, ya hace diez años, Stanley moría en la cama de su residencia de Hertfordshire (Inglaterra) pudiendo por fin descansar tras el extenuante trabajo que significó “Ojos bien cerrados” (1999), apagándose la llama de una de las mentes más brillantes del siglo pasado. No necesitó llegar al 2001, para qué vivirlo nuevamente.
2001 Odisea al espacio
“2001: Odisea al espacio”, según las palabras del propio director, es una experiencia no verbal de dos horas y 19 minutos de película en donde trató de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el inconsciente con su carga emotiva y filosófica. Se acerca a lo que en el arte se denomina apertura de sentido, para dar cuenta de aquello que abre el espectro de interpretaciones, no alcanzando un solo significado para definir la obra. Con acierto siempre se le ha caracterizado como un evento premonitorio, sobre todo por la época en que se filmó, pero la cinta va más allá; nos muestra elementos esenciales de la historia de la humanidad, como la gestación de la memoria, las bases del lenguaje, la evolución, la conciencia, la violencia y otros elementos magistralmente tratados muchas veces con simples imágenes que marcaron la historia de la cinematografía.
La historia comienza (literalmente) mostrando un grupo de primates y su vida cotidiana: alimentación, peleas con otros grupos. En un momento, al despertar, un primate ve que ha aparecido un monolito en el lugar donde habitan, con miedo se acercan para luego comprobar que no provoca ningún daño. Posteriormente se nos muestra una de las primeras secuencias magistrales, un primate rodeado de huesos de animales tiene por primera vez un recuerdo, conciencia de algo pasado, aparece en un flash la imagen del monolito, de la diferencia, por medio de esto es que logra hacer la primera asociación humana, notar que un hueso puede convertirse en un arma, lo siguen imágenes de animales cayendo muertos y de otro primate comiendo carne fresca. Junto a esto, se percata en una siguiente asociación que la inclinación del cuerpo puede ayudar a que un golpe impacte con más fuerza, con lo que logra derrotar a un primate del bando contrario, concienciándose además de que eso lo sitúa como líder, estableciendo diferencias de poder. “El amanecer del hombre” como se le titula la primera parte finaliza con un momento choqueante y la considerada elipsis más grande del cine: el primate lanza un hueso al aire que se convierte en una nave espacial, dejando sin aire al espectador, pasando millones de años frente a tus ojos; la evolución del hombre que, posteriormente se verá, no ha cambiado mucho.
“TMA-1” es el segundo capítulo, que se inicia con una maravillosa secuencia espacial en donde se muestra una estación lunar y una nave que se aproxima, con la magnífica elección musical del vals “el Danubio azul” de Strauss. Aparece un primer personaje, el Dr. Floyd, que llega a la estación en una misión diplomática. Cabe notar que aquí surge el primer diálogo de los exclusivos 40 minutos que existen en el film, siendo una sensación más que aliviadora luego de los impactantes momentos que ha tocado presenciar. Se muestra el motivo de la visita del doctor, dando cuenta que se ha encontrado un monolito en la luna, detectado por su onda electromagnética, bautizado como TMA-1. En la conferencia que aquél sostiene con las autoridades, es genial el manejo de cámaras del director, pues al final de la sala podemos ver una bandera de Estados Unidos y según el nivel de corrupto que se vuelve el discurso la toma capta con más cercanía la bandera. Al cerrar este capítulo se da una cátedra de filmación, en la excursión lunar, junto al Réquiem de Ligeti: comienza con una toma área que capta la inmensidad lunar, la base construida y a los astronautas que con unos trajes maravillosos caminan como una pandilla al más puro estilo “Érase una vez en el Oeste” la cual apareció el mismo año. Después, las tomas van cambiando con intencionalidad; cuando van bajando por una rampa, hay tomas desde abajo con mínima movilidad y silenciosas; entre medio del grupo, cámara de mano y con el sonido de la respiración; desde arriba, quieta y con el plano de la estación. Al llegar al monolito suena un pito que podría representar la transgresión de llegar a un lugar inexplorado que puede traer consecuencias insospechadas como con los primates.
La tercera parte, “Misión a Júpiter” comienza mostrando la cotidianeidad de la nave. Notable el manejo de las tomas de ingravidez que a lo largo de la película aparecen. La mayor expresión de esto es la escena del tripulante trotando alrededor de una especie de centrífuga; las imágenes alucinantes representan una catarsis visual, cada plano va superando al anterior en belleza y te introduce aún más en la realidad del film. Junto a las escenas de la estación lunar y el mítico final del viaje a Júpiter, son parte de las escenas mejor logradas. Es en esta secuencia de la película donde comienza a mostrarse el verdadero drama, la relación entre el computador HAL 9000 y los tripulantes de la nave, la cual al pasar el tiempo se vuelve más bien tenebrosa. Ya que en un comienzo la computadora que estaba al servicio del hombre comienza a tomar conciencia, tornándose más humana incluso que los tripulantes. HAL es atento y cordial pero a la vez comienza a ocultar información y a planear a toda costa llevar una misión que él considera correcta. De esta forma nos vuelve a mostrar lo que ocurrió con el primate, se está desarrollando un nuevo paso en la evolución, que como en todo momento siempre estará mediada por la lucha de dos fuerzas, siendo la que triunfe la que evolucionará. HAL asesina a los tripulantes en hibernación y luego al compañero de Dave, quien es liberado hacia la inmensidad del espacio, en una escena angustiante que te enfrenta a la inmensidad de la nada. Dave, con miedo en su inexpresivo rostro, realiza una maniobra suicida a través del espacio, que finalmente termina con la desconexión de HAL, quien antes pide perdón y canta una canción, que parece confundir sobre quién está del lado de la humanidad.
En “Júpiter y más allá del infinito”, cierre del film, Dave intenta cumplir su misión, encontrando el monolito alineado a Júpiter y la nave produce un extraño viaje temporal, una experiencia lisérgica que sin dudas constituye la imagen clásica con que se recordará al film. El viaje concluye (si es posible) con el renacer, un nuevo paso en la evolución y en la constitución de una especie de superhombre nietzscheano frente a la tierra.
Stanley Kubrick, a pesar de su clara obsesión por la realización de sus películas, tenía la claridad necesaria para saber que había algo que no podía alcanzar: la verdad. Por lo mismo nunca dio una interpretación de sus películas; era un artista con una ética imprescindible para que una obra se convierta en lo que tiene que ser: diferentes significaciones, sin imponer una por sobre las otras a pesar de la posición de poder en la que se encontraba.
“2001: Odisea al espacio”, es sin duda los más cercano a la perfección realizado en el cine, no solo por su rigor científico, su increíble realización técnica, su trabajo a la par con la NASA y compañías como IBM, sino que más bien por el efecto subjetivo que produce en la persona que se enfrenta a una experiencia como ésta, la visión de un hombre que más que visualizar el futuro, captó la historia de la humanidad y la lanzó al espacio. No cabe más que agradecer el sacrificio vital que significa una empresa cinematográfica como esta -cuatro años duró el proyecto-, su legado e importancia perdurará hasta el Ocaso del hombre. Gracias Stanley.













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Excelente artículo, me parece que describiste y escribiste de manera muy hermosa la subjetividad humana y los inicios del lenguaje.
En ese sentido, es impresionante cómo una película puede hacer cuestionar los mismos inicios de la historia del ser humano, lo cual incluso lleva a un cuestionamiento ético. Además, poder percibir de manera muy cercana,la forma en que el autor significa la realidad, imaginaria y simbólicamente. Así como también la manera en que lo haces tu basado en la obra.
Saludos
Stanley que estas en los cielos permanece siempre en nuestra memoria para creer que lo imposible no existe solo es transcisión…Felicitaciones por el articulo.