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Especial Diez años sin Kubrick: No hay amor sin sexo: La muerte y resurrección de un tal Bill u oda al hombre celoso

por Gabriel Lizama
26 marzo 2009
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Miedos envueltos en sueños conyugales.  Psicoanálisis de un amor denunciado.

Miedos envueltos en sueños conyugales. Psicoanálisis de un amor denunciado.

Sydney Pollack, director de cine y actor en esta película dice sobre el hombre que lo dirigió: “No recuerdo ninguna película de Stanley Kubrick que se haya estrenado sin controversias”. Y es que Stanley presenta una de las filmografías más subversivas y provocadores que puede ofrecer un director, porque no necesitó ser panfletario como un Oliver Stone, por ejemplo, o de actitudes casi anárquicas como el más joven Jean Luc Godard.

Kubrick fue tildado de ser “una amenaza a la placidez” y con mucha razón, siempre nos invito a pensar. Estuvo en la industria del cine para cuestionar los limites de nosotros mismos, de nuestros sentimientos y pulsiones, de la tecnología o de nuestra grandilocuencia. Su lente siempre tuvo un aire desolador frente a nuestra especie, fue un existencialista hasta el final de sus días. Son diez años los que han pasado desde el estreno de su ultimo film, “Eyes Wide Shut” (1999), y casi seguimos esperando una nueva película que nunca llegará, pues, estábamos acostumbrados a que sus filmes estuvieran separados por tanto tiempo de silencio. El neoyorquino se tomó muy en serio las palabras de uno de sus artistas favoritos, Ludwig Van Beethoven: “Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo”. Gracias Stanley por ayudar a definirnos y redefinirnos, por mostrarnos la diferencia entre el silencio y el arte.

Doce años después de “Full Metal Jacket” (1987), por fin apareció en cartelera este film por el cual Stanley casi se podría decir que entregó su vida -moriría apenas dos semanas después de su primera exhibición. Una película acerca del compromiso, los peligros de la vida conyugal, el sexo y sobre todo, las personas. Bill (Tom Cruise) esta casado con Alice (Nicole Kidman) y para él todo se acaba ahí, así de segura es su vida, no hay nada de que dudar. Obviamente en una película de Kubrick no hay nada parecido a la calma. Ellos van a una fiesta y ambos se ven tentados por engañar al otro, pero ninguno de los dos lo hace. Luego, en una conversación donde Bill le asegura a su esposa que las mujeres solo buscan confianza y estabilidad, Alice explota de rabia (e impotencia por hacer sentir algo a Bill) y le cuenta que una vez estuvo a punto de dejarlo todo por irse con otro hombre, un marinero que solo la miro. Cosa no menor porque vemos como en el comienzo de la película el personaje de Cruise apenas mira a “su mujer”. Bill es un ser humano indiferente, no percibe nada, pero en aquel momento comienza a sentir algo, a sus mediados 30 años, comienza sentir por primera vez celos y se da cuenta de la importancia de poseer  algo, alguien. Nadie quiere terminar en una cama solo diciendo: “Rosebud”.

Desde ese momento la película se dispara hacia un viaje sexual y vengativo de Bill, por demostrarse a sí mismo que tiene más coraje que su esposa, busca recuperar su dignidad y, en este tipo de cultura fálica, su virilidad. Todo parece ser algo que no es, todo se vuelve ambiguo y difuso, el surrealismo comienza a apoderarse de la cinta y nos lleva a un mundo de ensueño, en el cual curiosamente Bill encontrará respuestas. Ningún sueño es solo eso. Ninguna realidad es para siempre. Para encontrar redención de su culpa debe atravesar su inconsciente y toparse con las perversiones, dolores y afectos que le tienen atado a ser algo que duele mucho: un hombre celoso y que, repentinamente, como una bofetada en su cara, abrió los ojos a un mundo en que los afectos no están asegurados, es decir: El mundo real, ¿cómo?.

El Último Aliento

Personas intentando encontrar verdades. Hombres persiguiéndose la cola. Hay máscaras que no se pueden sacar.

Personas intentando encontrar verdades. Hombres persiguiéndose la cola. Hay máscaras que no se pueden sacar.

Bill nunca alcanza lo que quiere, sus deseos siempre se ven reprimidos, su forma de avanzar se basa en esto. Los sentimientos de infidelidad de Bill son solo formas de demostrar su frustración por no haber sentido amor. La película es un claro testimonio de cómo los deseos valen más que los empirismos y de que el sexo es fundamental para entender los movimientos de las personas. Al final las orgías, el voyerismo y las perversiones -cosas rechazadas por la sociedad-  son solo las cosas que este médico esconde en su interior, tras su imagen de hombre americano perfecto. Kubrick nos entrega su creencia de que los deseos de todo hombre por transgredir las leyes sociales son vitales -inclusive muy humanas-, pero que son solo algunos los que no caen en la tentación de la burguesía, de las religiones, de las sectas, o cualquier tipo de entidad que requiera una máscara para pertenecer a ella.

Como toda película de este maestro, la última palabra la tiene cada vidente, solo las grandes obran caben en diversas interpretaciones sin tener miedo a ser mal entendidas. “Fuck” es la línea que cierra la filmografía de Stanley Kubrick, un broche de oro, que explicita como el sentimiento animal le hace un sahumerio a la logística y que la respuesta a todos los problemas lingüísticos acaban ahí. En la cama -sin máscaras-, es donde se funde la necesidad de poseer a otro y de ser otro, he ahí el final del arcoiris.

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