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12 hombres en pugna: vengan, entren, hay espacio para uno más

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13 marzo 2009
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Doce extraños, dudas razonables y hora y media de suspense del bueno.

Doce extraños, dudas razonables y hora y media de suspense del bueno.

En la década de los 50 se sembró la duda. Una que explotaría con furia en los 60 y nos dejaría algunos de los años más fructíferos en lo referente a música, cine o en el arte conceptual.

Los directores vuelven de la guerra y están armados con sentimientos inéditos en la historia de la humanidad. Las atrocidades bélicas legaron el deber de reconstruirlo todo. En el cine hubo cambios bruscos; los directores jóvenes comenzaron a ser influidos por el cine “extranjero”. “Los olvidados” (1950) de Buñuel, “Sonrisas de una noche de verano” y “El séptimo sello”de Bergman (1955), “I vitelloni” de Fellini. Son éstos algunos de los ejemplos del cine mundial y rupturistas que se gestaron entonces. En Norteamérica, los directores ponen manos a la obra y exhiben films de la talla de “Alicia en el país de las maravillas” (1950) de Disney, “Sunset Boulevard.” (1955). De Billy Wilder o “La noche del cazador” (1955) del increíble actor –convertido en director- Charles Laughton.

En 1957 ocurren grandes hitos para la cultura mundial. Se abre “The Cavern”, Ingmar Bergman estrena “Fresa Salvaje”, Miles Davis lanza “Miles Ahead”, su primera colaboración con Gil Evans y base de una nueva forma de hacer jazz, Stanley Kubrick genera polémica mundial con “Paths of glory”, y en EE.UU. un joven director hace su primera película, basándose en una obra de teatro, tomando como escenario una sala y doce actores dispuesto a dar actuaciones “más grandes que la vida”; ese joven se llama Sidney Lumet y su ópera prima es “12 Angry Men”.

Guilty …Not Guilty

El caso parece simple: un joven es enjuiciado por asesinar a su padre, la pena por el crimen es la muerte. Son doce hombres los que deben deliberar si es que la vida del muchacho se extinguirá por siempre o no. Pero nada es tan simple, menos para un director en sus 18 años, buscando dar el primer golpe hacia su la gloria.

Es increíble como podemos apreciar diferentes recursos ocupados por Sidney, con un impresionante ingenio, que luego han sido utilizados con mucha naturalidad. Por ejemplo, se hace notar que nosotros no vemos el juicio, pero éste se reconstruye a través de las conversaciones y trifulcas que el jurado mantiene en una calurosa y claustrofóbica sala. Este recurso es la base de “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino, solo por dar un ejemplo, o también en obras que usan como plató solo una escenografía, tales como la nacional “En la cama” (2005).

Fonda nuevamente vestido de héroe.

Fonda nuevamente vestido de héroe.

Lo que hace Lumet es crear una sociedad a escala, con distintas miradas y personajes. La primera votación es 11 a 1 inclinándose hacia la muerte del chico, luego el jurado numero ocho, Henry Fonda, el único en desacuerdo, comienza levemente a convencer a sus compañeros por medio de pequeños detalles acerca del caso que no han sido tomados en cuenta. La posición de Fonda es muy interesante, pues se basa en la intención de dudar de todo –muy post-modernista- y al principio los demás lo rechazan, lo mismo que la sociedad norteamericana con sus ciudadanos, e inclusive en la empresa del cine, los directores que querían algo distinto y arriesgado no llegaban muy lejos; por esto Sidney Lumet tuvo la suerte que Henry “El chico de los ojos azules” -un protegido de la industria- se encariñara con el proyecto y lo produjera.

Técnicamente la película es muy cuidadosa y hasta quisquillosa en el uso diversas tomas, considerando que el escenario es en un 95% el mismo durante todo el metraje. El movimiento de cada personaje es esencial para el paisaje humano que muestra la película, las coreografías de los actores también son notables: en la escena en que el jurado numero dos hace la mímica de cómo apuñalo el chico al padre, todos actores al fondo se mueven generando una imagen exquisita. También, cada vez que hay una votación se ocupa una técnica distinta, ya sean las manos alzadas o un travelling. Una de las escenas finales también merece punto aparte, en la cual la cámara se ubica dentro del armario y luego sale efectuando un plano secuencia hacia Lee J.Cobb y luego recorre la mesa, mostrando como quedó “el ring” que ocuparon estos “12 hombres enojados”.

Es interesante la crítica al sistema judicial e incluso democrático norteamericano, en un principio. Pues, en el visionado podemos ver cómo todos y cada uno de los participantes ponen sus experiencias personales como prisma para mirar el problema. Dejando muy en claro en que no existe algo siquiera parecido a la objetividad. Ya sea el personaje de Lee. J Cobb –el cual está soberbio- que deja caer toda su rabia e impotencia que tiene hacia su hijo, quien lo noqueó en una pelea. También el personaje que viene de la clase baja y que es muy tímido, pero al primer momento en que alguien le da pie para defenderse lo hace con todas sus fuerzas; el anciano que traspasa su experiencia de ser un hombre olvidado a uno de los testigos, en fin. Vemos cómo se le trata a las minorías en el sistema democrático. La escena en que el jurado numero diez “El discriminador” es prejuiciado por todos es un ejemplo del mal pago de una tara, pues mientras habla y habla de la escoria que son los jóvenes de los suburbios, el lumpen, los demás jurados se paran y le dan la espalda, excluyendo al excluidor.

Al final de cuentas el personaje de Fonda no es tan distinto al de Cobb, ya que buscan lo mismo: convencer a todos de que ellos tienen la razón. La diferencia es que Henry siempre va a tener el saco blanco. El debut de Sidney Lumet fue tan rupturista como cualquier otra película que provenía del viejo continente, no por nada gano el “Oso de Berlín”. Esta obra cimentó el camino a uno de los directores más importantes del mundo, quien con los años seguiría haciendo clásicos instantáneos, incluso hasta nuestros días.

Cualquiera que vea la película no olvidará aquel ”Guilty… Not Guilty” sudoroso, como si entre sus manos estuviera desarmando la bomba atómica. La bomba atómica de los hombres sencillos.

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