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A través del risueño caleidoscopio: Syd Barret y las risas de los atolondrados.

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21 enero 2009
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La ambigüedad del punto en que lo real se mezcla con los deseos y pulsiones.

Y así empieza. Como todos: lejos de la capital y con el sueño de convertirse en una estrella de rock, con ansias de tenerlo todo. La rutina de Cambridge, Inglaterra, es para viejos y es un karma del que desesperadamente hay que escapar.

Roger Keith Barrett (1946 –2006), más conocido como Syd Barrett, estudió en la secundaria “Cambridge High School”, lugar donde se haría amigo de Roger Waters y David Gilmour, emblemas de la banda británica “Pink Floyd” de la cual Syd también formaría parte y además sería el principal compositor en la primera etapa del conjunto, la “más psicodélica” como bromearía Woody Allen.

Barrett se adscribe a un estilo compositivo y poético único para la época que le tocó vivir, por esto no tardó en ser adulado por los “entes críticos” de la sociedad londinense. Las presentaciones de Pink Floyd estaban cargadas de colores y experiencias lisérgicas explosivas, desencadenando una respuesta efervescente en una juventud cada vez  más maravillada por la rareza e inadecuada belleza que Syd plantea en sus arreglos y melodías. La psicodelia ve nacer a su hijo pródigo cuando “los Pinks” entran al Abbey Road y estrenan su primer larga duración: “The Piper At The Gates of Dawn” (1967); obra apabullante, repleta de nuevos sonidos y de nuevos viajes  hacia lugares irreconocibles y deformes. La respuesta de la audiencia fue positiva y de ahí en adelante el mundo fue un poquito más colorido. El joven de Cambridge presenció en carácter de principal el nacimiento de un nuevo movimiento: La psicodelia. El 5 de agosto de 1967 Syd Barrett podía tachar como cumplido uno de los puntos de su lista de sueños.

Luego de esto la salud mental del “niño prodigio” explotaría en todas direcciones, dejándolo inmerso en su propio mundo. El LSD destruyó el cerebro del compositor, quien tenía antecedentes de esquizofrenia que se vieron agudizados por  el uso de dicha sustancia. Así bien Syd dejó la banda y rompió cualquier lazo con sus compañeros, quienes para él ya eran casi unos extraños.

¿No me extrañas… para nada?

El viajero sonico por excelencia. Ruido interestelar sin moverse de la cama.

El viajero sonico por excelencia. Ruido interestelar sin moverse de la cama.

Tras recluirse en su pieza por cierto tiempo, Syd decide volver a grabar sus creaciones y por eso contacta a Peter Jenner con quien comienza unas sesiones en mayo del 68, qué fecha, pero que  los comportamientos impredecibles de Barrett terminan abortando. Así, el trabajo es retomado en 1969 ahora junto a Malcom Jones, el cual rápidamente lo dejaría por razones aún misteriosas. En ese momento, con la producción a medias, David Gilmour y Roger Waters se apersonarían en calidad de productores del álbum que  finalmente llevará el título “The Madcap Laughs” (1970), primera incursión como solista del “Crazy Diamond”.

El resultado de este  sinuoso proyecto es nada menos que una tortuosa pieza. Una placa que muestra a un Syd Barrett desnudo e inmerso en sus contradicciones, llevándonos a lugares de intenso dolor, con una mayor cercanía al blues que en su participación con los “Pink”. En varias canciones se pueden escuchar simplemente los crudos registros de una “Telecaster” y una voz, exhibiendo a un ser destruido psicológicamente pero, no por esto, con una menor capacidad de innovación.

La belleza de las canciones y la extrañísima manera de componer del autor agregan otra piedra angular en la historia de la música de vanguardia. Los productores –incluyendo al propio Syd Barret- tuvieron la valentía de grabar y archivar el hundimiento de una persona en un mundo nuevo, totalmente desconocido. En “Love You” –tema de tinte infantil, característico de Syd y en la senda que edificó en“Bike”- y “No Good Trying”, ambos puntos altísimos de la obra, se contó con el acompañamiento de los fundamentales “Soft Machine”; “Dark Globe” es, en tanto, una canción de letra memorable y melodía pegajosa; “Golden Hair”, folky oscuro de estilo Donovan, hace que los pelos se ericen; “Here I Go” también aporta uno de los momentos con mas beats y de sonido totalmente envolvente.

“The Madcap Laughs” es un disco fundamental para cualquier persona en algún momento tenga el deseo de convertirse en otro, sentimiento por lo demás bastante psicodélico, valga decir. Tal vez a primera vista los multicolores no alcancen los matices de “Piper…”, pero si se escucha con detención podremos encontrar toda la gama de sensaciones catárticas que los sonidos nos pueden entregar. Las risas de un inconfundible genio que siempre seguirá brillando para quienes posean ojos de caleidoscopio.

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