Oh yeah wait a minute Mr. Motown: los 50 años del sello de la joven América
19 enero 2009 0 comentarios
Nadie sabe bien el porqué pero la conmemoración de los 50 años de Motown Records quizá lleva unas gotas de nostalgia más de las recomendables. ¿Qué ocurrirá? El rhythm & blues aún tiene paladines rebotando por allí, produciendo la siguiente gran chupada del mate en cuestión de singles, embutidos en la máquina del millón. La idea es más o menos la misma, pero hay algo dentro de esos engranajes que ya no parece tan bien aceitado. Celebrar Motown implica reconocer que el pop hace rato dejó de ser la caja de los chocolates más sabrosos; porque escuchar y volver una y otra vez a las canciones de Miracles, Temptations, Martha & The Vandellas, Supremes, Gladys Knight, Four Tops, y de aquí al infinito, involucra un trance insuperable. La música elevándote a una sensación de éxtasis y alegría infinita, sólo comprable a un orgasmo o, imagino, a la sensación de un pinchazo de heroína. Cada batatazo de Motown Records fue una construcción simplemente perfecta. Todo cabía en su justo lugar: elegancia, virtuosismo, emoción, agilidad, pulso imbatible, melodías azucaradas en proporción apropiada y voces hermanadas con algo más allá de esto que llamamos vida. Esto era trabajo de gente grande, de muchachos que, diablos, sabían hacer muy bien la pega de ponernos en un estado de júbilo con sólo poner el surco indicado.
Cada artista del sello fue único: Marvin y su sedoso poder cabrío, Stevie y su lustre de genio, Diana personificando los sueños de cama de su generación, Smokey rompiendo los corazones, Martha y su desenfadada rebeldía. Todos benditos.
Fue perfecto porque Motown es el mejor ejemplo -¿será el único?- de que la producción en masa, que una industria discográfica con el objetivo de llevar de una vez por todas a los fomes y paliduchos blancos a bailar hasta acalambrarse, sí podía funcionar a pesar de todo. Sacar a la música negra de la marginalidad, de la proscripción, por ser tan cercana a como la vida es a fin de cuentas: dura, triste y solitaria. ¿No les gustaba esto? Pues, bailemos entonces. Sí, a pesar de que Berry Gordy fue el regente que se podía esperar: explotador, políticamente conservador y avaro; que Florence Ballard tuvo que quedarse con la triste mención de la segunda de abordo al aparecer en escena una odalisca llamada Diana Ross.
Miramos a Motown como algo que ya viaja en una cámara atemporal, herméticamente ajena al polvo y la humillación de la decadencia. También duró bastante como para decir qué buen gusto y qué grandes canciones. Gracias hermanos Holland y a vuestro espadachín Lamont Dozier, gracias Smokey, gracias Stevie, y a todos los que algunas vez entraron en el estudio de Detroit, con los Funk Brothers listos para esculpir un nuevo asalto a la gloria, para demoler convenciones y entregarnos un talento que, lamento decirles, echamos mucho de menos por estos días. Salud eterna para Motown Records desde aquí, sus incondicionales de Surruido. Para ustedes nunca hubo una montaña lo suficientemente grande.
Motown: la supernova de éxitos
Todo artista tiene su canción emblemática, sus caballitos de batalla que todos corean y bailan al escuchar el primer acorde. Si tienes un edificio lleno de estrellas, también tienes un catálogo de canciones inagotables. Estos son los hits inmortales de la Motown.
El primer éxito del sello fue “Money (That´s what i want)”, la cual posee uno de los tiempos más contagiosos que se hayan escuchado. Más adelante, The Temptations aporta al inconsciente colectivo la romántica “My girl”. Por el frente femenino, siempre presente en Motown, tenemos a The Supremes que ponen la mano firme con su “Stop! in the name of love”, y el joven cerebro de Stevie Wonder nos regala la energética “Uptight (everything´s alright).
Percusiones extraterrestres pueblan la esperanzadora: “Reach out i´ll be there” de los Four Tops, tema que los llevó al tope de las listas. Imposible obviar la voz fiera del “Nowhere to run” de Martha and the Vandellas. Punto aparte es el clásico indiscutido “Tears of the Clown” que sólo pudo nacer de la incendiaria alma de Smokey Robinson.
Se cuenta que la famosa gira que el sello realizó en octubre de 1962 cerraba cada concierto con su el número uno “You really got a hold on me”, de The Miracles. Sin contar cuántas noches han tenido entre velas y sábanas a “Let´s get it on” fondo erótico perfecto. Parece que jamás falla la sugerencia del señor Gaye.
Un poco antes del cierre de este seminal sello, el ex commodore Lionel Richie pone otra estrella en el muro con la popular “Say you, say me”. Cerrando el capítulo, el viejo Smokey consigue un Grammy con la gran “Just to see her” bajo el alero de su eterna alma máter, Motown Records.
Bailando en Hitsville: ¿Están listos para un nuevo Beat?
La música muchas veces suele ser un refugio, pero ¿Qué es lo que pasa cuando toda una cultura, inyectada en otra totalmente distinta, va en busca de definirse? EE.UU. acarrea una historia de racismo desde su independencia o antes inclusive. En la década de los 40 y mayoritariamente en los 50, la cultura negra comenzó a tener cierta aceptación, camino que se abrió, en parte gracias a la música. Primero a partir de sellos del estilo de Atlantic Records, con excelentes representantes de la música Jazz (John Coltrane, Miles Davis, Charles Mingus, etc.) y finalmente con la aceptación del “Rock & Roll”, música de raíces más oscuras que la noche, como figura emblemática de la transición tenemos a Elvis Presley, pero con genios como Little Richard y Chuck Berry acodados en las venenosas esquinas.
“Motown” es el nicho de los músicos rezagados por su color de piel, y que acabarían siendo “El sonido de los jóvenes de América”. El mismo Smokey Robinson- emblema del sello- cuenta que el proyecto surgió por el hecho de que nadie pagaba por las canciones que producían junto al fundador del sello, Berry Gordy; entonces se propusieron montar su propio sello y así no les siguieran robando su talento las grandes compañías. El sonido Motown quedó grabado en oro para toda la historia, siendo un increíble aporte a la música Soul, Funk, Pop, Psicodélica, etc. Sucede que cuando una comunidad que ha sido maltratada y silenciada se concentra en un nicho propio, generando seguridad en la tormenta -tipo KKK-, se crea una “música del alma”, la cual adquiere un sentido de “identificación” para un pueblo. Aunque para algunos este concepto de “refugio” causaba rechazo, por ejemplo, para el músico negro Curtis Mayfield la sensación de “abanderamiento” le generaba suspicacias, pues, se perdía el propio merito de los artistas.
El mismo Smokey dice: “Nos propusimos solo una cosa: Haremos música con gran ritmo y contaremos grandes historias”. Un pueblo con ansias de contar las historias enmudecidas, siempre con el beat a flor de piel.
Marvin Gaye “música para el amor”
Sin saber lo que le esperaba en el futuro, el hijo de un predicador de una congregación cristiana conservadora asistía fielmente a las misas en donde se nutría de la alegría de la música, la cual contrastaba con el régimen moralista que imponía su progenitor. Desde los 15 años comenzó a pavimentar una historia que lo llevaría a ser considerado dentro de las mentes más brillantes de la música negra.
Marvin Gaye se transformó en uno de los emblemas del sello discográfico que nos congrega en la celebración de sus 50 años. Es aquí donde desarrolló su verdadera carrera. Sus inicios en Motown se remontan a su incorporación como baterista en algunas bandas como The Miracles. Pero fue finalmente en 1961 cuando lanzó su primer disco solista/vocalista: The Soulful Moods of Marvin Gaye, el que significó la primera piedra del monumento en que se convertiría. De la mano de su, en ese entonces, cuñado Berry Gordy fue sumando logros en su carrera, en cuanto a popularidad, exploración musical e incluso su imagen de símbolo sexual, la cual Gordy recomendó potenciar. El punto cumbre de su carrera llega en 1971 con el disco What’s Going On, donde alcanza los primeros lugares en los rankings mundiales. Verdadera joya de la música negra, considerado una de las mejores obras musicales de todos los tiempos.
La música de este artista, que nos dejó en 1984 en un confuso incidente con tintes de tragedia griega, se podría resumir en una palabra: amor. Qué noche no se vuelve romántica si la exquisita voz de Marvin la envuelve; qué amantes no se reconcilian si de fondo se le escucha; o cuántas parejas tendrán como “su canción” a la magnífica Let’s get it on. En fin, larga vida a Motown por dar espacio a genios como Gaye. Para no olvidar, este primero de Abril se cumplen 25 años de su muerte, oportuno momento para seguir homenajeándolo, prender unas velas, apretar play y dejar que el señor Gaye haga lo suyo.
Recordando minutos memorables
Marvin Gaye y Tammi Terrel: Ain’t no mountain high enough.
The Temptations: I’m Losing You.
Smokey Robinson & The Miracles: Ohh, Baby, Baby.
The Four Tops: Reach out. I’ll be there.
Martha & The Vandellas: Nowhere to run.
The Supremes: Stop! In the name of love.
The Marvelettes: Please Mr. Postman.
Stevie Wonder: Superstitious.
The Jackson Five: I want you back.
Gladys Knight & The Pipes: Midnight train to Georgia.
Marvin Gaye: What’s going on.
Edwin Starr: Twenty five miles.


















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