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Cuando el rey llora, toda la corte imaginaria se diluye

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7 enero 2009
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Forever Young

Forever Young

Hay ciertas cosas que después de hacerlas uno dice “ahora puedo morir más tranquilo”. Es como la sensación que describe la metáfora francesa “Le petit mort” (La pequeña muerte), donde se cree saber respuestas fundamentales en tu vida, tras concluir el acto sexual con el ser amado.

Algo así me han hecho sentir algunos discos y claramente entre esos están las obras del músico canadiense Neil Young: “Harvest” (1972), “Comes a Times” (1978), “Harvest Moon” (1992); éstas conforman la trilogía esencial de los momentos más sublimes y reposados de un compositor que por cuatro décadas ha liberado sentido y amor a quien ha querido escucharlo. Es extraño sentir que la guitarra, la voz y la armónica de una persona, en alguna parte del mundo, está describiéndote tan acertadamente. Estos discos simplemente hacen sentir que aún se puede creer en “cosas”, que la belleza existe y esta ahí. Algunas personas no creen en Dios, pero sí le tienen mucha fe a cierta gente. Neil Young es alguien que me atrapa por todos lados y me hace volver a casa, a un hogar que tal vez nunca había conocido, pero que se siente increíblemente acogedor.

A estas piezas fundamentales de la música folk, el año 2005 vino a acoplarse el álbum “Prairie Wind”, uno de los trabajos más hermosos que entregados por el compositor de “Ambulance Blues” en bastante tiempo.

Es una vuelta que todos los fanáticos estábamos esperando. Neil nos toma de la mano y nos lleva por los parajes de su niñez, abriendo puertas y dejando que otras se cierren. No es casualidad que este disco lo haya grabado durante los últimos días de de su padre y luego en el tiempo de duelo. Además, mientras el “hombre del corazón de oro” comenzaba las grabaciones sufrió un aneurisma cerebral, el cual lo llevo al quirófano. Al parecer todos estos hechos hicieron que el cantante quisiera recorrer, quizás por última vez algunos lugares. Volver a sentir paz interior. Para esto congregó a todos sus amigos de juventud y regresó a Nashville a grabar solo con “gente de su casa”. El resultado es un disco entrañable, con un sonido que evoca otras épocas. Con un inmenso cariño y lágrimas en los ojos.

“Heart Of Gold” (2005) es la película-documental que el director Jonathan Demme (“El Silencio de los inocentes” (1991), Stop Making Sense (1984), etc..) nos regala. La medula de la cita es el concierto en el cual Young estrena su álbum “Prairie Wind”, en el histórico teatro “Grand Old Opry” de Nashville, junto a todos sus viejos amigos.

 La profunda oscuridad no opaca el brillo de los “días de folk”.

La profunda oscuridad no opaca el brillo de los “días de folk”.

El visionado comienza con la llegada de los integrantes de la banda de Neil y él mismo a la ciudad de Nashville. El génesis es teñido por la melancolía de los intérpretes, que cuentan historias de cómo comenzaron a tocar con el canadiense; sus impresiones al saber que éste padecía un aneurisma y de esta reunión, como poco, memorable. Llenos de orgullo de compartir nuevamente sus vidas a través del sonido.

Antes de subir a presentarse Neil dice: “Lo único que quiero es tocar bien. Compartir el escenario con mis amigos. Dar lo mejor que pueda… Nosotros vamos a entrar y dejar que la musa nos tenga”

El concierto está dividido en dos secciones: los temas de “Prairie Wind” y los clásicos pertenecientes a los discos anteriormente nombrados. Repleto de momentos sinceros y emotivos; ya fuese cuando Young explica que está tocando con la guitarra que hace cincuenta años ocupó el mítico Hank Williams, en el mismo sitio que realizó uno de sus conciertos finales; o cuando habla de su padre, al cual tiernamente dedica el concierto.

Young y sus secuaces dejan todo en las tablas, regalan un show eterno. Todos están parados allí, los mismos de siempre, solo que 40 años más viejos. Imposible no quebrarse ante una interpretación tan apoteósica -sin caer en lo pomposo- de las composiciones de un hombre que ha sabido perdurar a través de los crueles años.

Batiéndose a duelo con el paso del tiempo.

Batiéndose a duelo con el paso del tiempo.

La invitación no es más a que vean el concierto-documental y sientan como la vida pasa por los ojos, rejuveneciendo. Hay palabras que nunca envejecerán. “Hombre viejo, mira mi vida /soy como tú / Yo necesito a alguien que me ame / durante todo el día”

Es verdad que llega un tiempo en el que hay que volver. Regresar de donde hace años querías tan desesperadamente irte. Talvez al final todos los caminos llegan al mismo lugar.

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