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Cine 2008. Aún confiamos en los maestros

por Rodrigo Burgos
30 diciembre 2008
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Se va poco al cine. La cartelera es casi siempre un plato frugal, mal cocido y de sazón escasa; huesos y cartílagos. Que pase y reine el DVD con las novedades que los distribuidores se niegan a proyectar en las salas nacionales. Sin embargo, el 2008 fue un año de obras maestras que, a modo de vértebras rocosas, sostuvieron el aliento de los cinéfilos.

Anton Chigurh, listo para la masacre final

Anton Chigurh, listo para la masacre final.

Lo primero y lo mejor, No Country for Old Men. Una obra superlativa que –sí, no dilatemos más el asunto- coloca a Joel y Ethan Cohen como los cineastas independientes más importantes desde Ford Coppola y Scorsese. Si gustan pueden de ahora en más filmar comerciales de multitiendas, da igual.
No Country for Old Men logra que la vida adquiera tan espeluznante ligereza, tan violenta y amedrentadora hostilidad, que su puesta en escena ya va hacia lo metafísico. El psicópata de lógica irreductible, un sobreviviente de Vietnam buscando una última hazaña, y un policía derrotado y enfermo de desesperanza, son los tres vértices de una película que no tiene un solo minuto de sobra y que jamás pierde un ápice de tensión sin siquiera echar mano de una banda sonora que puntualice las cimas dramáticas. Y por Dios que aturde estar en frente del punto de fuga de lo humano, el lugar en que la sordidez y monstruosidad ya lo han desdibujado todo. Impresionante.

Es Londres, es Navidad, y dos extraños caminarán juntos hacia el corazón del horror

Es Londres, es Navidad, y dos extraños caminarán juntos hacia el corazón del horror.

Este año también ha ratificado el nuevo sendero por el cual David Cronenberg transita. Si A History a Violence ya era una disección elegante de cómo un hombre camina vendado hacia su pasado para enfrentarlo y llevárselo consigo, Eastern Promises resuena más enfáticamente en la comprensión del mal. Ya quedaron atrás los dispositivos intrauterinos, las mutaciones, los esperpentos con los que un día el director canadiense nos intentaba mostrar las aberraciones aparejadas a nuestra condición. Ahora todo es menos obvio, más latente y por ende, triturador. En Eastern Promises está la sangre como purga y necesidad, como lealtad y traición, como éxtasis y pozo sin fondo. Un bizarro cuento de Navidad en que la muerte y la degradación son tan palpables como asir una vasija y en qué la redención final solo es posible dependiendo de cuán optimista sea el punto desde el cual observamos.

Reunión familiar en torno a la tragedia. De aquí en más todo marchará peor

Reunión familiar en torno a la tragedia. De aquí en más todo marchará peor.

Cómo olvidar también a un longevo maestro que nos ha pateado la cara con una nueva película grande para sumar a su palmarés, que si mal no recordamos cuenta con… Sí, varias. Sydney Lumet, a sus 84 años, tomó a Sófocles y Esquilo y los puso en una joyería de Los Ángeles hace unas cuantas semanas. Debe haberles dicho “qué les parece muchachos si hacemos reventar a una familia de una buena vez, enfrentándolos con sus traumas, terrores, incompetencias y mezquindades, y hacemos que las consecuencias las afronten destruyéndose hermano contra hermano, padre contra hijo”. Esto es en lo grueso Before the Devil Knows You´re Dead, la película con que Sydney Lumet nos dice que le toma muy poco tiempo a la traición para llevárselo todo por delante. Una tragedia que no empalidece al lado de Antígona, y que muestra que los años dotan casi siempre de cinismo y amargura más que de fe y esperanza.

Les ofrezco un trato injusto y vejatorio. Ustedes eligen

Les ofrezco un trato injusto y vejatorio. Ustedes eligen.

Y por último There Will Be Blood, la película más esperada del 2008, de Paul Thomas Anderson. Un ejercicio de lectura ya conocida: el ascenso de un hombre dispuesto a todo para alcanzar su gloria, quien no se dará un minuto se resuello o debilidad en el camino hacia el poder absoluto. Una obra exquisitamente filmada, demostrando las destrezas de un gran estilista, pero que falla curiosamente en el subtexto: se notan tal vez demasiados las líneas de conexión con obras pretéritas; las costuras están excesivamente a la vista. Quizá la presencia de obras como Citizen Kane, A Treasure of Sierra Madre, Greed y ese enfoque tan desmedidamente kubrickiano que implanta Anderson comienzan lentamente a desestabilizar la cinta, a pesar del soberbio trabajo de Daniel Day Lewis como actor principal y los méritos de una producción descomunal.
Con todo, varios momentos del metraje de There Will be Blood valen por la producción completa de algunos estudios durante el año que acaba. Sólo alcanzó para una excelente película, poca cosa.

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