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Alfie, y un acento cockney, cockney, cockney

por César Garcés
29 diciembre 2008
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Un dandy y su afecto por las fuentes de dinero

Un dandy y su afecto por las fuentes de dinero

La batalla de los sexos, aquella que comienza desde el primer flirteo y termina con la muerte, puede alcanzar niveles de crueldad suficientes para disolver metal. Pero llegar más allá del cansador “Todas son maracas” proferida con fuerte aliento a cerveza por un corazón roto, o de las disquisiciones soporíferas sobre quien es más o menos inteligente, es una tarea escarpada. Usualmente las generaciones que han sido testigo de las grandes guerras parecen ser siempre las más punzantes al hablar de la pérdida de fe en la honestidad de las relaciones humanas. Hay algo iluminador en la masacre.

“Casablanca” es una muestra del pragmatismo voraz que puede alcanzar una persona en tiempos de crisis sociopolítica, mientras Billy Wilder abandona las trincheras en alguna ciudad europea para contarnos que no es necesario el cañón de un fusil que nos mire a los ojos, o la amenaza de tropezar con una mina antipersonal para comportarse como un hijo de puta.

1966 marca el estreno de la cinta inglesa Alfie. Lewis Gilbert, un realizador de noticieros durante la segunda guerra mundial está en la silla del director y Bill Naughton, un inmigrante irlandés de formación obrera es quien escribió la obra teatral y la adaptó a guión cinematográfico. Ambientada en Londres, con Michael Cane en el rol protagónico, Alfie Elkins narra sus aventuras y desventuras sexuales de cínico seductor desde muy cerca, pues nos incluye como un tercer personaje al cual se dirige para hacer lo que mejor sabe: hablar de sí mismo y de mujeres. Es un exitoso Don Juan y esto lo lleva necesariamente a referirse con indiferencia o a veces desprecio hacia las mujeres que le ofrecen escondrijo entre sus sábanas.

Alfie está bastante cómodo. Viste bien, come dignamente y no le faltan cuerpos tibios a los que acogerse. Pero para ello roba dinero del taller de automóviles en el que trabaja, abandona mujeres cuando cree que se están entusiasmando más de lo necesario y le huye al dolor ajeno como a la peste. La única ocasión en la que le veremos derramar lágrimas, será -lo confesará más tarde- por autocompasión. Sólo enarbola un principio -el de no encamarse con la mujer de un hombre al que conozca-, pero lo traicionará antes que la película acabe.

Confidencias: Ropa, masajes y cuidado del hogar gratuitos vienen con una mujer enamorada.

Confidencias: Ropa, masajes y cuidado del hogar gratuitos vienen con una mujer enamorada.

Sin embargo, su actitud, en lo que respecta a relaciones de pareja, no es una isla en medio de un mar de aspiraciones nobles. Exactamente como nuestro “héroe”, las mujeres de esta historia tienen un ideal de vida en la mente y no dudan en arrasar con las almas que se pongan en frente para alcanzarlo, el resto de los hombres no la sacan barata tampoco, pues son depredadores sexistas como Alfie, o pusilánimes perros falderos en busca de un pequeño gesto de cariño. Por eso, cuando el protagonista se ve repentinamente atrapado en el rol de padre y comienza a acomodarle es desplazado de un mangazo para darle el paso a Humphrey, el pobre diablo y eterno enamorado de Gilda (Julia Foster), que entra en escena jamás para ser amado, sino sólo para pagar el arriendo y forjar un hogar de respeto que el padre biológico no puede entregar.

En Alfie se respira un espíritu similar al de Ray Davies en el Village Green Preservation Society. Es Londres en plenos sesentas y el rock o el mod no aparecen por ningún lado. La banda sonora está a cargo de Sonny Rollins y los créditos de cierre son terreno de Burt Bacharach. Una gresca de bar no es protagonizada por bandas rivales de mozalbetes, sino que es de cuello y corbata, comienza de una forma tan absurda y minimalista como las peleas en Springfield (con Moe aforrándole a Skinner o Lenny a Carl) y termina en un furioso Todos Contra Todos ambientado en vivo por una deliciosa banda de hot-jazz.

Pero ¡Oh! El rock sí tiene una pequeña aparición, y su presencia es sombría y muy poco bienvenida por Alfie y por el espectador que ha acabado por agarrarle cariño. Sale a la fría noche londinense con una puntada en el alma. Es la sensación incómoda de que nada encaja lo suficientemente bien. Sea cual sea la batalla cotidiana que se libre.

Dejo la introducción. Ojo con un curioso error en los subtítulos al traducir el argot bleeding (versión elegante del fucking gringo) por su significado gramatical: “con SANGRE”.

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