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La nueva estrategia del Conace: Hacer el ridículo

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11 diciembre 2008
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Conace, el hazme reír de la semana

Conace, el hazme reír de la semana

Últimamente, circulando por los televisores de nuestro país se encuentra un spot publicitario del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE). Con distintas formas de presentación, el tema de fondo tiene relación con dar a entender que la Marihuana afecta la inteligencia de las personas. Esto por medio de la ridiculización de actitudes de consumidores bajo el efecto de esta yerba.

El comercial comienza presentando una imagen de un “manual para personas bajo la influencia de la marihuana”. Posteriormente, según la situación que se presente, se le pide a una persona (bajo los supuestos efectos de la sustancia) que realice tareas bastante básicas: cómo hacer hielo, amarrarse los cordones de las zapatillas o sacar un cuaderno de la mochila. Luego se le corrige constantemente de los errores en que incurre el sujeto en cuestión, provocados por el consumo de marihuana. Cabe destacar que esta voz se escucha en un tono un tanto burlesco, contrastando con la voz en off que aparece dando el mensaje final, donde seriamente se señala “vuelve a ser inteligente, NO fumes marihuana. La marihuana te desmotiva, altera tu memoria y baja tu rendimiento. Un mensaje de CONACE, Gobierno de Chile”.

Tanto este spot como otras numerosas campañas de esta institución redundan, y en esto son coherentes con sus tratamientos de rehabilitación, en situar al sujeto en cuestión como “adicto”. En la medida que a una persona que consume, se le ve como alguien que no tiene discurso, pudiendo escribir con una nueva fórmula la palabra en cuestión: A-Dicto (sin-discurso). Es evidente, como en cada tratamiento contra las drogas, se nutre al individuo de un nuevo discurso, al cual debe adscribirse para zafarse del problema, que ya ni siquiera es suyo sino del doctor o encargado de su rehabilitación y posterior reinserción social. De la misma forma, en el espacio aparece una voz que no sería descabellado homologar a este sujeto encargado de la rehabilitación del a-dicto, guiando cada paso de éste, quien ya no es inteligente y menos responsable de sus actos. Por lo tanto debe existir un encargado que lo “rectifique” en su camino, del cual se desvió. Ya que a la base de los fundamentos contra las drogas se encuentran en muchas ocasiones dogmas morales, los cuales no se hallan en cualquier cultura ni menos en cualquier época, puesto que las drogas existen prácticamente desde la aparición del hombre.

Cuidado: este acto puede volverlo idiota

Cuidado: este acto puede volverlo idiota

Por otra parte, al ser la voz en off del comercial de alguna forma un representante del CONACE, éste se posiciona como un ente que puede decidir quiénes son o no inteligentes. Burlándose de vez en cuando de quien comete una falta. Situación además, que en dos de los tres tipos citados de comerciales, los escenarios se sitúan en lugares privados, lo que implica una invasión de los espacios de las personas de quienes la franja se mofa.

La moral es pública, es la forma que tenemos de comportarnos frente a todos. Pero algo diferente, es la ética, que tiene relación con el deseo individual de las personas y como nuestra historia sigue diferentes caminos para encontrarse con “eso” que buscamos, tal como lo han descrito autores, desde Kant a Sade o de Freud a Lacan. Claramente CONACE, no es una institución que respeta la ética del sujeto y sí es fuertemente moralista, en la medida que en cada una de sus campañas y tratamientos sus sujetos de rehabilitación no hacen más que desaparecer, desvanecerse en las estructuras que les aplican sin importar sus diferencias, sus historias, sus deseos. Simplemente se les ve como una tabla rasa, en la que hay que aplicar un discurso uniforme para todos y llevarlos hacia un ideal social, que no es más que una creación moralista. CONACE no acepta diferencias, ni otro tipo de inteligencias, imaginación y conocimiento. Cayendo de esta forma en algo que podríamos definir como fascismo moral.

La marihuana, droga en la palestra en esta campaña, más allá de propiciar posibles daños físicos, muchos no demostrados y no más que miles de productos legales que consumimos día a día en nuestra sociedad, se presenta como una amenaza para la productividad, en la medida en que puede llegar a imposibilitar la realización de ciertas tareas. Es lógico que nadie llegue a su trabajo después de consumir marihuana y es justo que un empleador determine que si un funcionario a su cargo no produce debe irse. Sin embargo, hay que tener en cuenta el tipo de trabajo del cual se habla y su definición. Por ejemplo, se señala que en el disco Revolver de The Beatles, una de las más grandes producciones artísticas que la mente humana ha logrado desarrollar, la banda había consumido la marihuana en medio de las sesiones de grabación. Frente a esto también se podría abrir la discusión de si el fin del hombre es realmente la producción.

En segundo lugar, el consumo de marihuana y otras drogas aparecen como una amenaza para el cuestionamiento del orden establecido ya que más que definir apresuradamente el pensamiento bajo los efectos de la marihuana como “inferior”, corresponde precisarlo como “diferente”. Y en el orden, la diferencia siempre es amenaza. Por algo esta institución es de “control” de estupefacientes, atacando principalmente a las drogas más que enfocarse en las personas y sus posibles responsabilidades en cada una de sus decisiones en relación al consumo.

Es la marihuana lo que pone estúpidos a los adolescentes, no Yingo

No es Yingo lo que pone estúpidos a los adolescentes sino la marihuana. Junten miedo

El fin de estos cuestionamientos no es defender las drogas, ni llevarlas a un plano de que son beneficiosas para las personas – lo cual no es descartable, pero sí es tema para otro artículo. El aspecto central pareciera ser analizar y discutir las políticas prohibitivas que desarrolla CONACE, que además de tener eficacia mínima dan cuenta de cómo la ley, más que lograr prohibir, genera más deseo, mostrando los límites a transgredir. Por algo el consumo de marihuana y alcohol, particularmente en la población juvenil, se ha incrementado enormemente. Ya no solo basta la prohibición en estas campañas, sino que se agrega, en un intento de acceder a un lenguaje más cercano a la juventud, el burlarse de la persona que transgrede la ley, en una forma bastante negligente de enfrentar el problema.

El tema “Drogas”, ya no es solamente una discusión que compete a los especialistas en la materia o a los mismos adictos, que como podemos observar no tienen mucha voz en este debate. Es una polémica que se debe abrir a la sociedad en su plenitud, consumidores y no consumidores, pues temáticas que son transversales a este problema nos competen a todos. Tales como los límites entre lo público y lo privado, cuáles son los ideales sociales, hasta qué nivel se puede intervenir en las decisiones de las personas y si las políticas que existen nos representan. No deben ser pocos los que piensan que las guerras no son la forma de solucionar las cosas, más aún si la llamada “guerra contra las drogas” ya se perdió hace bastante tiempo. Por lo tanto, espacios de discusión como este se hacen imprescindibles para desarrollar un nuevo pensamiento crítico, cuestionando lo que instituciones como CONACE intentan imponer y logrando desarrollar una conciencia independiente y responsable. Los invitamos a expresarse.

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