Raoul Walsh: Los rugientes años veinte
9 diciembre 2008 4 comentarios
La fascinación del cine americano por la violencia se remonta a los primeros años. Robos de tren, persecuciones a caballo, pandillismo e incluso agresión intrafamiliar están ya impresos en celuloide desde la época de David W. Griffith.
Francois Truffaut recuerda los cortos-postales de los hermanos Lumiere “La Llegada de un tren a la estación”, y “Barcas en el puerto”, y agrega: ”Los americanos pronto descubrieron que era necesario descarrilar el tren y volcar la barca para salirse de lo normal”. Raoul Walsh, justamente asistente de Griffith, crecería hasta transformarse en un insigne cronista del delito. Bajo el escudo de la Warner Brothers, sería artífice de una serie de antihéroes clásicos.
Corría el año 1947 cuando se establece en Nueva York el Actor’s Studio y la escena americana no volvería a ser la misma. La gomina, los pechos de paloma, con espalda derecha y culo parado, la impecable entrega de diálogos largos y perfectamente sincronizados dan paso a personajes de mirada frágil, con las tripas hirviendo, y el corazón latiendo a la vista del público. La era de Marlon Brando, Montgomery Clift y Shelley Winters había llegado. Pero la generación espontánea es un mito, y basta revisar algunos años más atrás para encontrarse ya con personajes atolondrados, rascándose la nariz o la cabeza. El cine del lumpen es el nacimiento de un tipo nuevo de actuación, imperfecta y visceral. Escupiendo, aburriéndose en cámara, pronunciando el inglés como las huifas o hablando torpemente por causa de un cigarrillo en la boca. Basta retroceder hacia los inicios de los años treinta para encontrarse con James Cagney.
“Los Héroes Olvidados” (The Roaring Twenties, 1939) cuenta el ingrato destino que encuentran los soldados americanos al volver a su país tras la primera guerra mundial. Esto no parece ser un drama circunstancial, ya que tras la segunda guerra se produjo “Los Mejores Años de Nuestras Vidas” (William Wyler, 1946) mientras que “Nacido el 4 de Julio” (Oliver Stone, 1989) relató la bienvenida deprimente para un veterano de Vietnam.
Al inicio, una voz en off típica de newsreel no sólo se limita a contextualizar la historia, sino además parece ser la sentencia de un cínico observador. Tras exhibir metraje de Hitler, Mussolini y tropas machacando el asfalto en busca de la dominación mundial, nos da su visión de la primera guerra: “Casi un millón de jóvenes americanos están enzarzados en una lucha que –según les dijeron- dejará al mundo listo para la democracia”. Mientras nos cuentan este cruel chiste, Eddie Bartlett (James Cagney) esquiva obuses y alambradas intentando salvar su pellejo y salta hacia una trinchera, botando el cigarrillo que George Hally (Humphrey Bogart) se disponía a encender.
Cuando Eddie vuelve a casa los desfiles triunfales ya hastiaron a la población –no lo digo yo, también lo dice el narrador- y se encuentra incapaz de encontrar trabajo mientras los precios de todo se van por las nubes. Panama Smith (Gladys George) administradora de un pequeño clandestino le dará un espacio en su organización, y lo acogerá intentando escapar de su soledad de mujer postguerra. Independiente, valiente y determinada -Mujeres Warner, según algunos- será su mano derecha emocional y su eterna enamorada, mientras Eddie acopia dinero y poder sobre la base de producir destilados de mala muerte, haciéndolos pasar por trago del bueno. George Hally -su ex compañero de trinchera- será su resbaladizo socio en la lucha por expandir el imperio. Ninguno de los dos deberá darse la espalda de ahora en más. Bogart es una fiera a punto de explotar. Un pragmático afilado que sabe que el negocio es un pacto con el diablo, en el cual el perpetrador de violencia no debe parar sino hasta el amargo final.
Las historias de gángsters parecen vidas controladas por el capricho de dioses griegos. Así como pueden tomar a un simple ser humano y levantarlo a la cima del poder de un capo de la mafia, con la misma facilidad lo exponen a la fuerza de los elementos. Eddie tan sólo controla aquello que se puede solucionar metiéndole una bala. Pero su amada Jean Sherman (Priscilla Lane) se queda con el joven, remilgado y culposo abogado de Eddie, y el desplome de los mercados al cierre de la década lleva su negocio hasta el barro. Tan sólo su ángel guardián desde el comienzo, la leal Panama Smith, está a su lado cuando borracho y depresivo se lanza, al mejor estilo de “La Pandilla Salvaje”, a una última y violenta búsqueda por redención.
Raoul Walsh nos muestra cómo una nación completa se volcó enloquecidamente a quebrantar la ley más impopular de la historia. Jóvenes universitarios borrachos revolcándose en el pasto. Un policía entra a un clandestino y luego de imprecar duramente a un parroquiano por estar mal estacionado, le pide un cortito al barman. Un retablo de los efervescentes años veinte y la marejada criminal que acompañó su andar. Diez años más tarde, sin retrato social de por medio, la dupla Walsh-Cagney se reuniría para filmar el desaforado viaje de violencia recorrido por el psicopático Cody Jarret en el film “White Heat”.















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Excelente artículo. No he tenido la gracia de ver alguno de los Films de Walsh, a pesar de conocerlo. James Cagney es el latente reflejo de una sociedad americana en decadencia y que esta formando parte de una evolución, tal vez, demasiado rápida. Un EEUU que se esta transformando en imperio. Los gangster parecían resistirse a eso, quizás. Bogart que decir. Interpreto Uno de los grandes papeles del cine negro, para uno de los grandes debuts de la historia del celuloide: “El halcon Maltes”
Pero no os preocupéis, pequeños cesares y Tony Camontes; Tom Powers y Noodles. Siempre habrá un mañana
¡¡Grande Tom Powers!! ¡Ah! The Public Enemy es una delicia. Un psicópata hijo de puta que no debería tener nada de empático, pero por alguna razón logra que te pongas de su lado. Como hizo Joe Pesci en Goodfellas.
Hay una de Raoul Walsh que estoy que corto las huinchas por ver, pero no he podido encontrarla, pese a que está editada en dvd y es relativamente conocida. Se llama High Sierra. Con Bogart en el papel protagónico de un forajido que encuentra su trágico final acorralado por un grupete infatigable que logra darle caza. De esos finales en la onda King Kong.
La conozco también y en el documental de Scorsese, A Journey trought american cinema (no se si esta bien escrito), sale que este director hizo una película que es homologa a High Sierra, pero, en el oeste. NOTABLE!
Si. Ese documental es mi biblia. Casi todo lo que he comentado hasta ahora lo conocí ahí. Hay un montón de esos títulos que no están muy bien catalogados por la crítica. Un par de estrellitas y sería todo. Scorsese fue el cinéfilo expedicionario. Yo sólo le hice caso.