Fu Manchu, Vodevil y Variedades: 40 años de Village Green Preservation Society
3 diciembre 2008 2 comentarios
Hacia 1968, el mundo estaba en medio de un fuego cruzado. Revoluciones, guerras, reivindicaciones alucinógenas por doquier y la música pop atravesando los quicios de todas las puertas. Era el momento de cantarle a la modernidad, a los sueños libertarios, de reafirmar el derecho a vivir de manera libre y salvaje bajo el amparo de lo que se nos viniese en gana. Pero, alto, no todos están de acuerdo; hay en la comarca alguien que desea regresar a la campiña, holgazanear en la rivera de un río mientras disfruta de una exquisita mermelada de fresa. Sí, nuevamente Ray Davies, el díscolo de la clase, consideraba que lo mejor que podía hacerse era agarrar las petacas y largarse lejos de las luces de la metrópoli, donde los animales reales juegan.
“Walter, ¿no es una lástima ver cómo ha cambiado nuestro pequeño mundo?”, comenta Davies en la segunda canción del disco que por estos días conmemora cuarenta años, escribiendo una de las páginas más gloriosas del rock inglés. Es Do You Remember Walter?, tal vez el tema más apropiado para escuchar junto a ese amigo con quien se ha compartido desde la adolescencia y contemplar cómo el tiempo los ha desplazado del sitio en que otrora se sentaban tranquilamente “a fumar detrás de la puerta del jardín”.
Village Green Preservation Society regocijó por primera vez al mundo un 22 de noviembre de 1968. Con 15 canciones, era un nuevo tratado de Ray Davies acerca de las interrogantes que siempre lo acosaron: el paso del tiempo, la nostalgia por la inocencia juvenil, la melancolía y soledad subyacentes a la vida moderna.
Hoy reconocemos sin ambages que durante el segundo lustro de los sesenta Ray Davies se perfiló como el compositor británico más prolífico e imbatible; casi un centenar de canciones en poco más de cinco años, sin descartes, sin trucos, sólo melodías de imperturbable genialidad. Su talento brillaba justo al revés de su pésima suerte comercial. Si a principios de la invasión de grupos ingleses los Kinks ocuparon un nombre importante en las listas, paradójicamente en la medida que sus obras se hicieron más exquisitas y personales el público comenzó a alejarse de la tozudez de Davies. Village Green fue el peldaño definitivo en el descalabro discográfico. Tal vez no fue algo tan extraño, Los Kinks caminaron siempre a contrapelo. Una ruta en que bebieron tanto del R&B como del music-hall y las operetas. Mordaz, amargo y encantadoramente evocador, Davies convirtió a los Kinks en la obra de un voyerista extemporáneo.
Hacia julio de 1968, Ray Davies ya poseía una veintena de canciones que deseaba grabar como parte de un disco conceptual. Todas unidas por un curioso cinturón temático: una oda a las viejas costumbres victorianas, a la vida tranquila del campo y un rechazo a la tensión citadina. Durante tres meses se instala junto a su hermano Dave, al bajista Peter Quaife y Michael Avory en batería, en la precariedad de los estudios Pye; ay Ray, si hubieses dispuesto de los seis meses del Sgt. Peppers y a George Martin como asesor de mezclas, uf, qué habría pasado con estas canciones. El álbum es, según el propio Raymond “el fracaso más exitoso de todos los tiempos”. Apenas un single de promoción y ventas vergonzosas, fueron los patéticos réditos para alguien que ya se acostumbraba a ser un dandy extraviado en las brumas del siglo XX.
El álbum es de una perfección asombrosa. El genoma del mejor pop inglés rezuma en cada una de las composiciones contenidas en el disco y resuena en la trayectoria de varios de sus más intrépidos acólitos de las últimas décadas: de David Bowie a Blur, de Elvis Costello a XTC, de The Jam a Yo la Tengo, todos han escudriñado los secretos de una obra incapaz de marchitarse.
Hablar de sus canciones es quizá redundante pero no hacerlo es también mezquino. Village Green, Animal Farm y Johnny Thunder, artilugios frágiles y ensoñados, que cuentan historias de personajes en medio de la lluvia y otoños agridulces, viviendo un tiempo inmaterial.
En People Takes Pictures of Each Other Davies nos recuerda –atención conversos de Facebook- que la gente intenta superar la desesperación de su fugacidad mundana recurriendo al registro gráfico de sus andanzas. Sitting by the Riverside es tan refinada que uno teme romperla en cada audición: descansar frente a un riachuelo, con una copa de vino en la mano, pidiendo sólo un poco de amor para amortizar la caída de la tarde. Phenomenal Cat, un juego de no tan velada reminiscencia psicodélica, bueno eran lo sesenta al fin y al cabo, ¿no? Y, bueno, aquí nos quedaríamos hablando por horas de la emoción continua que el elepé, y la música del grupo en general, nos sigue provocando.
Y aquel caballero inglés, ermitaño y obsesionado con proteger el hablar vernáculo de Sherlock Holmes, las casas Tudor y las tazas chinas, vuelve a decirnos con cierta causticidad que quizá no sabemos lo qué decimos ya que seguimos siendo víctimas del cegador brillo de las luces de la ciudad. “Yes people often change, but memories of people can remain”. Un brindis por ti Raymond que no se te olvida.
















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Preservation Society
y ahora que mas encima se juntaron
tienen que puro vernirse para aca
asi que los estamos esperando desde ya.