Polanski y su mirada de la psicosis a través de su película “El Inquilino”
25 noviembre 2008 1 comentario
“El Inquilino” es una película tensa, obscura, inquietante. Polanski es a la vez el protagonista, guionista y director, lo que la hace una obra muy personal, considerando además que es el único personaje de toda la película (él y el fantasma de Simone Choule).
La obra representa la soledad de un individuo, la particularidad de una mirada; utiliza imágenes burdas y caricaturescas, a la vez que desarrolla en el relato espacios rigurosamente controlados, ambientes sórdidos y claustrofóbicos.
Es una película que vista en lo global es capaz de representar el fenómeno psicótico, y es capaz de llevarlo a un nivel que va más allá de lo concreto de una historia de hechos sucesivos. No hay un comienzo ni un fin y, por lo mismo, una escena no se nos aparece nunca como más relevante que otra. La obra se presenta de forma circular donde el final no hace más que sugerir un nuevo comienzo.
La certeza del psicótico, la ausencia de duda en lo que escucha, ve o siente, es lo que lleva finalmente a esa angustiante soledad, a una errante inmersión en sus propios pensamientos que no necesitan de un otro para confirmarse. En otras palabras, el psicótico no tiene referencias al significar, lo que lo vuelve un errante en el lenguaje. El psicótico no necesita de cómplices en la construcción de su realidad, se basta a sí mismo. Al igual que el protagonista de la obra, con su visión paranoica de la situación en que se inserta, no necesita de la confirmación de un tercero para aterrarse frente al complot en su contra.
Esto ocurre por dos motivos principales: por la circularidad de la historia, con un final que sugiere el inicio y por el hecho esencial de que siempre vemos a Trelkovsky como único personaje: él está siempre presente, lo cual tiene efectos notables para la continuidad de la historia. “El Inquilino” se centra únicamente en la actualidad de un solo personaje, del desafortunado Trelkovsky. No hay ninguna referencia a hechos pasados, todo se centra en el acontecer contigente del personaje. Sólo presente, sin pasado ni futuro. Además, los acontecimientos no le ocurren a él, sino más bien ocurren desde él. No hay otro lugar desde donde leer los sucesos.
La cinta de Polanski refleja (sin interpretar), muy agudamente, una obra psicótica. Escenas que no aspiran a ser más que simple escenas, desafiando nuestro orden de coherencia neurótica, nuestra fe en el sentido. Actos incomprensibles que no pretenden ser de otro modo. La música como simple melodía sin letra (significado) alguna. La importancia del espejo como reflejo de una imagen que desconcierta y atemoriza a Trelkovsky.
Por otra parte, la progresiva identificación imaginaria por parte del protagonista con la anterior inquilina del departamento, lo lleva, como un acto inevitable, a cumplir con su destino trágico. La llegada a la comunidad del edificio parisino confronta a Trelkovsky a un régimen vecinal fuertemente normado, donde la figura policial (y por supuesto paternal) del dueño lo enfrenta a la ley.
Polanski provoca magistralmente a nuestro juicio neurótico. Nos resulta incómodo e impactante (y muchas veces grotesco) el film. Se burla del espectador cuando éste intenta, inútilmente, explicarse el comportamiento del delirante personaje. Se produce de esta forma una “problemática del espacio vacío”, en la medida que en una comunidad donde existen espacios creados para los individuos, se produce la urgencia de cubrirlos, por posibles dificultades que esto pueda traer. Desde ejemplos tan concretos como la suciedad que se produce en un lugar no habitado, hasta la necesidad de completud por la falta en ser que nos estructura.
Independiente de las necesidades manifiestas, aparece el requerimiento de que los individuos ocupen roles fundamentales para la mantención del sistema del que forman partes, adscribiéndose a las leyes que los organizan, tal como en toda sociedad. De esta forma, cuando Trelkovsky no se responsabiliza de este rol, no es precisamente que surja la idea de provocar que se suicide, pero sí aparece como una anomalía dentro del sistema; alguien que intenta escapar de la ley que rige a la comunidad, situándose en un espacio privilegiado.
Por último, es importante analizar la metáfora central de la película: la “condición de inquilino”. Este concepto se transforma en una hermosa figura para presentar y adentrarse en lo que es la psicosis. En la medida que ésta tiene que ver con una persona que llega a un lugar donde existe previamente una ley a la que debe someterse, para poder insertarse al sistema con que funciona la comunidad residente. Monsieur Zy va a figurar como aquél que resguarda la ley, asumiendo de alguna forma la autoridad frente a la comunidad y sus leyes (como un padre). Es quien vela por todo los posibles desórdenes que se producen en el edificio y que reprime, o intenta hacerlo, las actitudes que considera indebidas del nuevo inquilino.
El carácter de inquilino pasa a entenderse más bien como aquel que “habita en la vida de un otro”. En este caso, cómo Trelkovsky se convierte en el inquilino de la vida de Simone.
Polanski, Roman. (1995). Le locataire. États-Unis – France, 126 mn.
*Adaptación del ensayo “Le Locataire”. Aros M, Cuevas E, Gaete T, Lizama S, Olave S.















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La siempre aguda mirada de Roman Polanski, es necesaria. Es necesario que existan genio visuales que representen nuestro mundo “creado”.”El inquilino”, para mí la mejor película del polaco, es una muestra fiel de lo que un realizador debe hacer al tomar la responsabilidad de mostrar un entorno; es profundo, es creativo y por sobre todo es innovador. Polanski con su “Inquilino” rompe reglas, rompe esquemas; pero, lo hace de las maneras mas dolorosas (pues, es fácil y tristemente literal, hacerlo con una explosión de 20 kilómetros con Sly Stallone corriendo con su torso desnudo), lo hace con silencios incómodos, con miradas, con simples cigarrillos. Al igual que lo hizo Bergman, Fellini, Godard, Melville, Kurosawa, Peckinpah, etc… (muchísimos más,… bueno, no tantos como yo quisiera)
R.P nos lleva en un viaje por el lugar más oscuro, más sórdido, más feliz, más odioso y por supuesto el más incomodo: Nosotros mismos y nuestra constante incertidumbre hacia que “diablos” somos…