Jacques Tourneur: Con cuatro chauchas y poco tiempo
17 noviembre 2008 0 comentarios
Principio de los cuarenta. RKO Radio Pictures intenta salvarse del desastre económico que ha dejado el fracaso en taquilla de El Ciudadano Kane y Los Magníficos Amberson. Entra al escenario el productor Val Lewton a cargo de la sección “terror”. Con poca plata y horrendos títulos a encargo, él y los jóvenes directores que le acompañan no sólo cautivan al público sino que redefinen el género llevándolo por caminos que más tarde recorrerían Vértigo, La Profecía, El Bebé de Rosemary y Alien. De este semillero, el más destacado e inquietante realizador es Jacques Tourneur.
La Mujer Pantera (Cat People, 1942) daría el inicio a la serie. Lo que debió ser una versión femenina del Hombre Lobo, es transformado por Lewton y Tourneur en un thriller psico-sexual. Irena Dubrovna (Simone Simon) acaba de casarse con Oliver Reed (Kent Smith). Pero el matrimonio jamás logrará consumarse. Descendiente de una antigua casta de brujas, está imposibilitada de disfrutar del placer sexual. La excitación satisfecha, el más mínimo roce, cualquier beso pasado de la raya, la llevarán a mutar en una pantera, saltar sobre su ardiente macho, morderlo y arañarlo hasta la muerte. La abstinencia de los recién casados lleva a Irena a episodios de angustia, paranoia y, finalmente, de maldad alevosa. Mírenla rasgar la tela del sofá con las uñas. Véanla caer de rodillas ante la puerta de su habitación, y acariciar la madera con insana fruición, tan sólo porque su amado está al otro lado de ella. Sin tener acceso al tálamo, es cosa de tiempo para que Oliver se arroje a los brazos de Alice (Jane Randoplh), su compañera de trabajo. La gatúbela Irena, armada de garras y colmillos, comenzará entonces su búsqueda de venganza.
Tourneur saca el terror de los castillos medievales, y lo lleva a la ciudad. El engendro asesino acecha en las oficinas, en el gimnasio, los paraderos de buses, y en el living de la casa. El mal (en toda esta saga de películas RKO) no nace de un monstruo irracional. Nace de los celos, el rencor, las ansias de poder, la paranoia o el deseo de venganza. Lo sobrenatural es simplemente el vehículo que trae consigo la muerte. Alice es una mosca muerta, el amor de Oliver se esfuma ante la falta de cocho-cocho, el doctor Judd (Tom Conway) -psicólogo de Irena- se deja la ética profesional en la oficina y parte en pos de un polvito con su extravagante paciente.
El pesimismo, la desesperanza y la exposición de la naturaleza traicionera del ser humano, son el centro y el motor de películas como Cat People, I Walked With a Zombie (Tourneur), The Body Snatcher (Robert Wise), The Seventh Victim (Mark Robson) y el resto de la saga. No es de extrañar entonces, que Jacques Tourneur, una vez ascendido por la RKO para filmar películas de alto presupuesto, estampara para siempre su huella el la historia con Traidora y Mortal (Out of the Past, 1947), uno de los mejores film noir jamás hechos.
No comentaré ahora Traidora y Mortal por las mismas razones que no comenté El Ciudadano Kane al principio del artículo. Saltemos diez años más, cuando estrenaba su regreso al género que lo consagró, con la esotérica La Noche del Demonio (Night of the Demon, 1957).
Londres. El escéptico psicólogo americano John Holden (Dana Andrews) investiga la secta encabezada por Julian Karswell (Niall MacGinnis), con el fin de desmentir sus supuestos poderes y el control sobre las runas. Poco tiempo le tomará darse cuenta que el poder es real y que el demonio ha sido conjurado para asesinar a Holden el 28 del mes en curso (en tres días más). Advertido y con el tiempo en contra, deberá primero convencerse de que el hechizo va en serio y luego intentar descubrir cómo librarse del maleficio o morir descuartizado por la bestia.
Si las dobles o triples lecturas y las referencias a la literatura clásica fueron el aporte de Val Lewton a películas como Cat People, la artesanía de lograr escalofriantes ambientes es el aporte y talento indiscutido de Tourneur. Algunos dicen que lo heredó de su padre, el también director Maurice Tourneur. Hay que puro averiguarlo, entonces.
Con una fotografía (Ted Scaife) que recoge tanto de Orson Welles como de la saga Val Lewton, la película es un vehículo que nos lleva a través de las sensaciones experimentadas por John. La tranquilidad inicial, la sospecha, la sensación de amenaza, el miedo y finalmente, sí, el terror.
Hay que ser responsable y decir que la apreciación por el trabajo de Tourneur no es de lo más masiva. Así que doy por cerrado este rarísimo ejercicio de hablar de cine, y los invito a ver sus películas. Para que así sepa de qué lado de la calle se encuentra.















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