Ronda de campanillas
6 noviembre 2008 1 comentario
Noche histórica. Dos bandas trascendentales en el devenir del rock de los últimos 25 años personificando un legado incontestable. Un concierto bicéfalo que está ya escrito en piedra entre los mejor de las últimas temporadas.
Primero, Jesus and Mary Chain. Un regreso que podía generar dudas ya que los últimos movimientos discográficos del tándem Reid desmejoraban sus grandes hitos y siempre una reunión años después del apogeo real podía interpretarse de manera suspicaz.
Bueno, la respuesta fue una paliza. El peligro y el vicio del rock & roll estuvieron servidos en la mesa de los hermanos Reid. Catorces canciones, una hora y cuarto de fiebre sónica. Nuevamente los escoceses encabezaron el magisterio que nos dice que aún el rock tiene para rato y que no hay ninguna música popular que pueda transmitir esa sensación caliente de riesgo y perversión. Extraordinario. Sonaron las canciones que todos deseaban escuchar. “Head On”, Reverence”, “Some Candy Talking”, “Snakedriver”, “Happy When It Rains”, “Just like Honey”, en fin. Un arsenal clásico y afilado, montado con la guitarra acrimónica de Wiliam Reid y cubierto con esa voz desidiosa y parca de un Jim Reid que jamás dio paso a la innecesaria empatía verbal con un público, reconozcámoslo, que no estaba demasiado enterado del gran momento que se vivía a primera hora en el escenario del MoviStar Arena. Si cerrábamos los ojos podíamos sin demasiada dificultad trasladarnos a una noche juerguista en Glasgow a mediados de los ochenta. Superlativo e imprescindible para recordar que Jesus and Mary Chain es una banda de las muy grandes.
Veinticinco minutos después de apagado el trueno de la cadena de Jesús y María, llegó la segunda y no menos suculenta parte de un recital apoteósico. REM partió con una solvencia aplastante. Siguen siendo la misma banda college que salió de un garaje de Anthens hace ya casi treinta años: Peter Buck es aún ese encantador y contenido guitarrista, Mick Mills un bajista funcional y aplicado, y Mike Stipe, bueno, un frontman espasmódico que desembala el repertorio de su grupo con carisma y energía poderosas. Estuvieron las canciones que cualquier público en cualquier lugar del mundo les pediría. Seis títulos del inmenso “Automatic for the People”, incluidas “Everybody Hurts”, “Drive” y las deliciosas sorpresas de “Ignoreland” y “Sweetness Follow”; visitas al Life Rich Pageant a través de “Cuyohaga” y “Fall on Me”; un vitriólico Orange Crush; entremedio, varias pistas de Accelarate, un álbum que si ya se había granjeado el respeto de muchos, en vivo ganó varios litros en su octanaje. Y, claro, Losing My Religion para que el estadio se viniera abajo con el himno agnóstico definitivo.
Hubo también espacio para compartir la emoción de Stipe por la esperanza de los justos en el triunfo que en la noche del martes construía Estado tras Estado el ahora Presidente Barack Obama. Consecuencia y música formidable.
Cerraron con las infaltables “Man on the Moon” e “It’s The End of the World (As We Know It)” y nosotros estuvimos allí para embebernos del gozo de que la música esté cuando se le requiera, siempre, para trasladarnos hacia al lado más extático de la nuestras vidas. Gracias muchachos once more.
Fotos: Diario El Mercurio















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Jesus & Mary Chain que banda…
Yes WE CAN!!!!! yaaaaaaaaaaaaaaaa