Las Tablas de la Ley del Soul
29 octubre 2008 0 comentarios
A casi tres meses de su muerte, nunca es extemporáneo escribir sobre él: fundador del seminal sello Stax, compositor, productor, arreglista e instrumentista de Otis Redding, Rufus y Carla Thomas, Eddie Floyd. Una carrera solista con al menos cuatro álbumes que llevaron al soul a un terreno de riesgo y búsqueda desopilantes.
Mr. Shaft, Black Moses, o en cualquiera de sus encarnaciones , Isaac Hayes es un nombre demasiado grande para un estilo. Forjador de nuevos caminos.
El puntapié Stax.
Todo se remonta al tiempo en que Hayes tocaba saxofón junto a The Markeys, banda instrumental que alcanzaría prestigio en el sello de Memphis un par de años más tarde. De ahí, pasó muy poco hasta que Hayes fue reclutado como sesionista para un entonces promisorio cantante sureño llamado Otis Redding; colaborando como tecladista, Isaac Hayes entró poco a poco en la maquinaria de una disquera que fue armando una leyenda sólo comparable con la de sus antípodas en lo que respecta al destilado soul: Motown Records.
Lo bueno no se hizo esperar. Junto con David Porter formó el tándem compositivo medular de Stax, creando canciones fundamentales para Sam & Dave, Carla Thomas, Eddie Floyd y otros protegidos de la casa afroamericana. No es broma: estuvo también a cargo de la producción de Otis Blue y Dictionary of Soul de Otis Redding, quizá los dos más grandes discos de soul de los sesenta.
Fue el motor y cerebro de una avanzada de música dirigida con igual puntería al corazón y al estómago.
Alma hirviente
En 1967 las cosas se ponen complejas. Hayes sale a enfrentarse cara a cara con su gloria. Este año publica su primer álbum “Isaac Hayes Presenting”, un disco, digamos, de ejercicio de estilo; calentar y aceitar la máquina para probar potencia. Jazz y estructuras relajadas, vocalizaciones susurrantes. El asalto mayor se presumía.
Hacia 1968, Stax Records había cedido gran parte de su catálogo a un mastodonte de la industria: Atlantic. Pues, entonces, había que buscar qué quedaba en la cantera. Y lo que surgió es para tomarse la cabeza: Hot Buttered Soul sólo es comparable al debut de Curtis Mayfield en solitario o al Innervisions de Stevie Wonder. ¿Es realmente soul? Nadie lo sabe. Orquestaciones traspasando el éxtasis, el pulso de una banda arenosa horadando la tierra, y el pastor declamando que esa noche haría el amor con lujuria e indecencia exquisitas. Un disco que enorgullece a quien los escuche y que, de paso, devuelve la vitalidad perdida.
Lo que vendría en los años venideros es la constatación de su genio. The Isaac Hayes Movement, Black Moses y la banda sonora del filme de blackplotation “Shaft” –cuánto le debe Primal Scream a este álbum-, son los pasos del macho cabrío de la música negra.
Casi tan grande que estas líneas sólo son un miserable pie de página.













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