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Todos quieren un IPhone excepto yo y mi mono

por Simón Lizama
27 octubre 2008
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Últimamente en los numerosos viajes por la ciudad que acostumbro hacer, me he encontrado con diversos afiches que se apoderan de distintos lugares públicos de nuestra capital. Paraderos, edificios, micros y cuanta superficie en la cual sea posible promocionar, han sucumbido ante el nuevo producto tecnológico que nos trae Apple: el tan esperado IPhone.

Sí, esperado, puesto que desde un tiempo a esta parte la llegada de estos “fenómenos” electrónicos generan incluso adeptos que pueden llegar a hacer fila, por tener la exclusividad de poseer alguno de estos productos. Claro es el ejemplo de aquel “afortunado” que fue portada de diferentes diarios, por ser quien obtuvo el primer Iphone que se entregó en Chile.

Ahora creo que, si de verdad existe algún problema o fenómeno digno de criticar en esta situación, no es que la gente disfrute de los increíbles avances tecnológicos a los cuales hemos llegado. Sino más bien vislumbrar cuando es que estos aparatos pasan a formar parte de la cultura en que nos desarrollamos, o por cuálesvías llegan a ser tan indispensables para nuestro funcionamiento cotidiano.

Es así como no tener o reconocer las características y ventajas de este producto es de alguna forma excluyente socialmente hablando; te convierte en ignorante sobre los conocimientos modernos y casi un eslabón menor en la cadena evolutiva. Esto, desde un discurso tecnológico y donde existe una necesidad de funcionar con estos aparatos, que no son más que una herramienta de mayor eficacia para un buen funcionamiento.

Bajo una perspectiva crítica, es posible llegar a invertir este fenómeno, en la medida que sucesos como éste, más que alejarnos del mecanicismo animal, nos acercan  y controlan más, esperando que salga un nuevo alimento que un amo imaginario nos ofrezca y nos sacie de lo mismo que nos priva —ya que al salir un nuevo producto cada cierto tiempo, se pierde la exclusividad que éste daba. Los espacios públicos ya no son de todos, son del Iphone, de las grandes compañías detrás de éste y otros productos. Si lo tienes, puedes acceder a algo de aquel espacio porque es un sitio que construyeron bajo reglas que se imponen para el que quiera acceder. Y la gente hace fila, al igual como otros esperan ansiosamente ver a Bob Dylan o el último disco de Sonic Youth. A la espera de que otro cree un lugar en que encajemos.

Al final de cuentas siempre venimos al mundo de otro. Pero qué sucede cuando alguien se posiciona en el lugar de ese creador, ¿juega a ser Dios? Si lo respondo, tendría que ponerme por un momento en ese lugar, la verdad es que no es nada fácil. Produce mareo enfrentarse a ciertas verdades, los “males de altura” también los denominan. A fin de cuentas, mi Yo se desvanece, no tengo quien me dé una referencia para “ser alguien”, necesito algo que me defina (¿un Iphone?), porque en este lugar se define, no se es definido. Es cierto, todos quieren un iphone excepto yo y mi mono, a propósito de la frase de Ringo, o en realidad a esta altura…todos quieren un Mono excepto Yo y mi iphone…

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